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Trump vs Biden: cómo está creciendo la presencia de milicias armadas en Estados Unidos y por qué son consideradas un peligro para las elecciones

Así paseaban los miembros de una milicia por la ciudad estadoounidense de Louisville el pasado 5 de septiembre.

Están armadas hasta los dientes, han tenido una creciente presencia en protestas callejeras y son vistas como un peligro latente para las elecciones de noviembre: las milicias ganan protagonismo en un Estados Unidos aturdido por varias crisis.

Estos grupos tienen diferentes agendas y motivaciones, desde la lucha contra la inmigración hasta un recelo del gobierno, pero buena parte de ellos ahora se sienten animados por la presidencia de Donald Trump y su eslogan electoral de “ley y orden”, señalan expertos.

Se estima que en EE.UU. hay alrededor de 200 milicias compuestas por miles de civiles y militares retirados, aunque sus estructuras a menudo difusas y la falta de datos oficiales sobre estos grupos impiden tener una idea exacta de su tamaño.

  • Quiénes son los Patriotas, la milicia civil armada que ha detenido a cientos de inmigrantes en la frontera entre EE.UU. y México
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Los especialistas advierten que fenómenos recientes como la pandemia de coronavirus, la pérdida de millones de empleos, una creciente crispación política y social junto a la proliferación de teorías conspirativas en las redes sociales han servido como caldo de cultivo de las milicias en este país.

“Las milicias han estado involucradas y activas en EE.UU. durante décadas o siglos en algunos casos. Pero lo que vemos ahora es un momento absolutamente sin precedentes en la historia de EE.UU.”, le señala Paul Goldenberg, miembro del Consejo Asesor del Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU., a BBC Mundo.

A su juicio, el país enfrenta una “tormenta perfecta” con un sector minoritario de la sociedad que busca aprovechar la coyuntura para generar confusión y caos.

“¿Están creciendo las milicias? Creo que están creciendo. Desafortunadamente, algunas milicias se ven a sí mismas como una fuerza civil o ciudadana justa para reemplazar a la policía, si de hecho la policía pierde autoridad”, dice Goldenberg, que también preside la firma consultora en seguridad doméstica Cardinal Point Strategies.

“Situación inflamable”

La presencia de milicias armadas con rifles de asalto y ropa de camuflaje ha sido notoria en protestas recientes contra las medidas de confinamiento por el coronavirus o contra el racismo y la brutalidad policial en EE.UU.

Varios de estos grupos surgieron a partir de 2009 como reacción al gobierno de Barack Obama, el primer presidente negro de EE.UU., según estudios.

Una de las mayores agrupaciones, losOath Keepers (Guardianes del Juramento) fue fundada en 2009 por Stewart Rhodes, un paracaidista retirado del Ejército que trabajó en la oficina de un representante republicano por Texas.

El grupo atrajo a policías y militares retirados con la consigna de defender la Constitución y el derecho a portar armas, mientras asume posturas de extrema derecha: el mes pasado Rhodes sostuvo que “la guerra civil está aquí y ahora” y pidió a Trump reprimir una “insurrección marxista” en EE.UU.

La visibilidad que han adquirido algunas milicias recientemente contrasta con la actitud más reservada que adoptaron tras una marcha de grupos de extrema derecha en Charlottesville, Virginia, que acabó en violencia en 2017.

“Al ver la milicia caminando por la calle, habrías pensado que eran un ejército”, dijo el entonces el gobernador de Virginia, Terry McAuliffe. “Tenían mejor equipamiento que nuestra policía estatal“.

El año pasado, miembros de una milicia denominada United Constitutional Patriots (Patriotas Constitucionales Unidos) generaron polémica al detener por cuenta propia a cientos de inmigrantes en la frontera con México.

En mayo, manifestantes fuertemente armados irrumpieron en el capitolio estatal de Michigan para protestar contra la orden del gobernador local de permanecer en casa por la pandemia de covid-19.

Y, más recientemente, milicianos blancos han confrontado con activistas del movimiento Black Lives Matter y de grupos antifascistas durante protestas en varias ciudades del país, a las que concurren aduciendo que buscan preservar el orden público.

“Lo que vemos ahora es un aumento real de la actividad paramilitar y las milicias están motivadas para participar en activismo en el terreno”, dice Cassie Miller, analista de investigación del Southern Poverty Law Center, una ONG que monitorea a grupos que considera que propugnan el odio o incitan a la violencia.

El último informe de ese centro señaló la presencia de 181 milicias activas en EE.UU. el año pasado.

Además de las milicias de derecha, consideradas más numerosas y mejor entrenadas, también se han visto recientemente algunas organizaciones de izquierda o negras con armas.

Por ejemplo, en ciertas protestas contra la muerte de afroestadounidenses a manos de la policía una milicia negra conocida por las siglas de NFAC (Not Fucking Around Coalition) movilizó a cientos individuos fuertemente armados.

En una de esas protestas en Louisville, Kentucky, se reportaron momentos de tensión cuando los integrantes de NFAC pasaron cerca de decenas de miembros también fuertemente armados de 3 Percenters(3 Porciento) otro conocido grupo de derecha opuesto a la inmigración y a activistas antifascistas.

“Se crea una situación increíblemente inflamable cuando tienes vigilantes de izquierda y de derecha en la calle, y ambos están armados, especialmente cuando tienes gente de extrema derecha que hace campaña activamente por una guerra civil”, dice Miller a BBC Mundo.

“Violencia e intimidación”

Un marco legal habilita a las milicias pueden exhibirse con tal soltura en las calles de EE.UU: la mayoría de los estados de este país permiten portar armas de fuego de forma visible.

Algunos expertos observan que, a diferencia del pasado en que veían con desconfianza al gobierno federal, ciertas milicias se ven reivindicadas por la retórica y las políticas del actual presidente.

Los reclamos de Trump contra las medidas de confinamiento, sus pedidos de de mano dura hacia las protestas callejeras o la inmigración indocumentada, así como sus sugerencias infundadas de que el candidato presidencial demócrata, Joe Biden, instalaría el socialismo en EE.UU. y quitaría fondos a la policía, sintonizan con los postulados de grupos de extrema derecha.

Hace unos días se conoció una denuncia de un funcionario del Departamento de Seguridad Nacional que acusa a sus superiores de presionar para restarle importancia en reportes de inteligencia a la amenaza que representan los supremacistas blancos.

Goldenberg, el asesor de ese departamento, sostiene que “la comunidad policial estadounidense y la comunidad de seguridad nacional han sido firmes en su lucha contra cualquier terrorismo, independientemente de dónde se perciba en el espectro político”.

Sin embargo, Kathleen Belew, una historiadora y autora del libro “Trae la guerra a casa: el movimiento de poder blanco y la América paramilitar” (Bring the war home: the white power movement and paramilitary America) afirma que el foco está puesto en otro lado.

“Después (de los ataques) del 11 de septiembre (de 2001 en EE.UU.) la mayoría de los recursos de vigilancia se dirigieron hacia el terrorismo islamista y todavía estamos teniendo dificultades para lograr que el gobierno concentre sus recursos y vigilancia en la violencia del poder blanco”, dice Belew a BBC Mundo.

A su juicio, aunque las milicias suelen presentarse como neutrales o defensoras del Estado de derecho, están reguladas a lo sumo por ellas mismas y representan “una forma extralegal de violencia e intimidación” en la sociedad.

A menos de dos meses para las elecciones, muchos se preguntan qué postura asumirán estos grupos en caso de un resultado que consideren adverso o ante una eventual controversia sobre quién es el ganador.

El propio Trump ha sembrado desconfianza sobre la limpieza de la votación en que buscará ser reelecto y la semana pasada dijo a sus seguidores en un acto en Nevada que “los demócratas están tratando de manipular estas elecciones porque es la única forma en que van a ganar”.

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Michael Caputo, un quien fue miembro de la campaña de Trump en 2016 y es hoy funcionario del Departamento de Salud, afirmó sin ofrecer evidencia que Biden se negará a reconocer un triunfo de Trump en noviembre y sugirió a sus seguidores prepararse para una insurrección armada.

“Si portan armas, compren munición, damas y caballeros, porque será difícil de conseguir”, sostuvo Caputo en un video de Facebook la semana pasada y, tras la polémica por la difusión de esos y otros comentarios, anunció que tomaría 60 días de licencia médica.

Miller, la analista del Southern Poverty Law Centerque monitorea a las milicias, señala que hay “grupos que ya se están preparando para actuar, no sólo el día de las elecciones, sino para la posibilidad de violencia después de las elecciones”.

Belew, por su lado, considera justificadas las preocupaciones sobre las milicias ante una posible disputa por el resultado electoral: “No sé cómo reaccionarán”, advierte.

Fuente: BBC News

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Kamala Harris la primera vicepresidenta de Estados Unidos

Kamala Harris está haciendo historia como la primera mujer afroestadounidense que ocupa la vicepresidenta de Estados Unidos, rompiendo las barreras que han mantenido a los hombres, casi todos blancos, en los niveles más altos de la política estadounidense durante más de dos siglos.

La ya exsenadora por California de 56 años también es la primera persona de ascendencia afroasiática elegida para ese cargo de alto rango.

Ella representa el multiculturalismo que define a Estados Unidos, pero que está en gran parte ausente de los centros de poder de Washington. Su identidad le ha permitido hablar en términos personales en un año donde se evaluó la brutalidad policial y el racismo sistémico.

Harris ha sido una estrella en ascenso en la política entre los demócratas durante gran parte de las últimas dos décadas. Se desempeñó como fiscal de distrito de San Francisco y fiscal general de California antes de convertirse en senadora de Estados Unidos.

Después de que Harris terminó su propia campaña presidencial demócrata de 2020, Joe Biden la eligió como su compañera de fórmula. Este miércoles 20 de enero de 2021, juraron como presidente y vicepresidenta de Estados Unidos.

Su selección como compañera de fórmula de Joe Biden tuvo un significado adicional porque él es la persona de mayor edad que ocupa la presidencia, a los 78 años. Biden no se ha comprometido a buscar un segundo mandato en 2024.

Harris destaca legado de mujeres afroestadounidense que la influyeron

Harris enmarcó su candidatura como parte del legado, a menudo subvalorado, de mujeres afroestadounidenses pioneras que la precedieron, incluida la educadora Mary McLeod Bethune, la activista de derechos civiles Fannie Lou Hamer y la representante Shirley Chisholm, la primera candidata de raza negra en buscar la nominación presidencial por un partido importante, en 1972.

“A menudo no nos enseñan sus historias”, dijo Harris en agosto al aceptar la nominación a la vicepresidencia de su partido. “Pero como estadounidenses, todos nos apoyamos en sus hombros”.

Esa historia estaba en la mente de Sara Twyman recientemente mientras observaba la campaña de Harris en Las Vegas y usaba una camiseta con el nombre de la senadora junto a Chisholm. “Ya es hora de que una mujer llegue a los niveles más altos de nuestro gobierno”, dijo a la agencia AP Twyman, quien tiene 35 años y es también afroestadounidense.

A pesar de la emoción que rodea a Harris, ella y Biden enfrentan grandes desafíos, incluida la profundización de las tensiones raciales en EE.UU. a raíz de una pandemia que ha cobrado un precio desproporcionado entre las personas afroestadounidenses y una serie de asesinatos policiales de estadounidenses de raza negra.

El trabajo anterior de Harris como fiscal provocó escepticismo entre los votantes progresistas y jóvenes, quienes esperan que ella respalde un cambio institucional radical sobre las reformas graduales en la policía, las políticas de drogas y más.

Jessica Byrd, quien lidera el Proyecto de Justicia Electoral del Movimiento por las Vidas Negras y The Frontline, un esfuerzo de coalición multirracial para galvanizar a los votantes, dijo a la AP que planea participar en el riguroso trabajo organizativo necesario para impulsar a Harris y Biden hacia políticas más progresistas.

“Creo profundamente en el poder del liderazgo de las mujeres negras, incluso cuando todas nuestras políticas no se alinean”, dijo Byrd.

Harris es la segunda mujer afroestadounidense elegida para el Senado. Su colega, el senador Cory Booker, quien también es de raza negra, dijo que su sola presencia hizo que la institución fuera “más accesible para más personas” y sugirió que lograría lo mismo con la vicepresidencia.

Harris nació en 1964 de dos padres activos en el movimiento de derechos civiles. Shyamala Gopalan, de India, y Donald Harris, de Jamaica, se conocieron en la Universidad de California, Berkeley, entonces un semillero del activismo de los sesenta.

Se divorciaron cuando Harris y su hermana eran niñas y Harris fue criada por su difunta madre, a quien considera la influencia más importante en su vida.

La congresista Pramila Jayapal de Washington dijo que el poder de Harris proviene no sólo de su experiencia de vida, sino también de las personas a las que ya representa. California es el estado más poblado y más diverso del país; casi el 40% de las personas son latinas y el 15% son asiáticas.

En el Congreso, Harris y Jayapal se han unido en proyectos de ley para garantizar la representación legal de los musulmanes objeto de la prohibición de viajar, expedida por Donald Trump en 2017, y para extender los derechos a los trabajadores domésticos.

“Ese es el tipo de política que también ocurre cuando hay voces como la nuestra en la mesa”, dijo Jayapal, quien en 2016 fue la primera mujer del sur de Asia elegida para la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Harris ganó las elecciones al Senado ese mismo año.

VOA

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“Nos veremos de nuevo” Trump

El presidente Donald Trump, acompañado por la primera dama Melania Trump, abandonó este miércoles la Casa Blanca y puso rumbo a Florida, lejos de la ceremonia de investidura del demócrata Joe Biden, no sin antes afirmar que su adiós no es una despedida, sino más bien un simple hasta luego.

Trump levantó su puño al abordar el helicóptero hacia la Base Aérea de Andrews, donde abordó el avión presidencial a las 9:00 de la mañana para dirigirse a la que será su residencia como expresidente en Mar-a-Lago, Florida.

“Ha sido un gran honor, el honor de una vida”, dijo Trump a los reporteros en su camino al helicóptero en los jardines de la mansión presidencial.

“Amamos al pueblo estadounidense y, de nuevo, fue algo muy especial. Y sólo quiero decir adiós, pero con la esperanza de que no será un adiós muy largo. Nos veremos de nuevo”, agregó.

En la Base de Andrew, el presidente fue despedido con una salva de 21 cañonazos.

En un discurso de despedida frente a miembros de su familia y un puñado de colaboradores, que pronunció desde la pista de la base aérea y que duró nueve minutos, el presidente insistió: “De algún modo, estaremos de vuelta”.

Trump hizo un breve recuento de sus cuatro años en la presidencia y sentenció que su gobierno “fue sorprendente bajo cualquier baremo”.

“Le deseo a la nueva administración muchísima suerte y muchísimo éxito”, dijo, sin mencionar a Biden. “Creo que van a tener un gran éxito, porque cuentan los cimientos para hacer algos espectacular”, comentó un Trump que deja la Casa Blanca con el país encarando los peores momentos de la pandemia, con previsiones de hasta 30.000 muertes semanales, y -también fruto del coronavirus- con tasas de desempleo no vistas desde la crisis financiera.

“Siempre lucharé por ustedes. Estaré observando y atento”, prometió. “Adiós, los quiero… Que la pasen muy bien… Nos veremos pronto”, agregó antes de abordar el avión.

VOA

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El Mundo

Las duras batallas que han forjado la historia de Joe Biden

Luego de dos intentos de llegar a la casa blanca, Joseph Robinette Biden asume hoy la presidencia de Estados Unidos con más experiencia que sus predecesores. 24 años en el senado y 8 como vicepresidente en el gobierno de Barack Obama.

Nacido en un hogar de clase media, en 1973 se convirtió en el senador más joven de la historia a sus 30 años. Biden comenzaba a probar el éxito cuando la muerte de su hija y primera esposa en un accidente automovilístico estremeció su vida. Hasta sus rivales reconocen sus capacidades para cruzar líneas de partido, aunque posturas como su apoyo a la guerra de Irak le han valido criticas.

VOA

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