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Salud

Qué tan seguro es cocinar en microondas

A pesar de ser desde hace décadas un caballo de batalla en la cocina, pocos artículos para el hogar han sido más divisorios que el microondas.

Quienes no pueden o no quieren cocinar, lo consideran una salvación, mientras que algunos chefs creen que es capaz de acabar con el arte de la cocina.

Sin embargo, existe otro debate más allá de esta disputa culinaria: ¿cuándo es malo para la salud cocinar al microondas?

Si se usa correctamente, no hay nada preocupante en torno a las radiaciones del microondas, según la Organización Mundial de la Salud.

Pero la respuesta a otras preocupaciones en torno a este modo de cocinar no es tan evidente, incluido si los alimentos cocinados en el microondas pierden nutrientes o si calentar la comida en recipientes plásticos puede interferir con nuestras hormonas.

 

Pérdida de nutrientes

Algunas investigaciones han mostrado que los vegetales pierden algo de su valor nutricional en el microondas.

Por ejemplo, se descubrió que se pierde el 97% de los flavonoides —los compuestos de las plantas que tienen beneficios antiinflamatorios— en el brócoli.

Eso es un tercio más de daño del que provoca hervirlo.

Sin embargo, un estudio de 2019 que examinó la pérdida de nutrientes en el brócoli al microondas, señaló que estudios anteriores variaban en el tiempo de cocción, la temperatura y en si el brócoli estaba o no en agua.

La investigación descubrió que los tiempos de cocción más cortos (cocinar el brócoli en el microondas por un minuto) no comprometía su contenido nutricional.

La cocción al vapor y al microondas podrían incluso aumentar el contenido de la mayoría de los flavonoides, que son compuestos vinculados a la reducción del riesgo cardíaco.

“Bajo las condiciones de cocción usadas en este estudio, cocinar al microondas mostró ser mejor para preservar los flavonoides comparado con la cocción al vapor”, escribieron los investigadores.

Encontraron también que cocinar al microondas con mucha agua (la misma cantidad que uno usa para hervir), provocaba una reducción de los flavonoides.

 

Disminuyen con un método, aumentan con otro

Xianli Wu, principal investigador y científico del Centro de Investigación de Nutrición Humana Beltsville, del Departamento de Agricultura de EE.UU., dice que no hay acuerdo sobre un mecanismo para explicar por qué cocinar al microondas puede aumentar el contenido de flavonoides.

Puede que cocinar al microondas haga más fácil la medición de los flavonoides. Quizás al ablandar el tejido de la planta se hace más fácil extraerlos (más que aumentar su cantidad).

Pero no hay una respuesta simple a si cocinar los vegetales en el microondas hará que retengan más nutrientes que con cualquier otro método.

Eso es porque cada alimento es diferente en términos de textura y contenido nutricional, según Wu.

“Aunque en general se prefiere la cocción al microondas, el tiempo óptimo será diferente para cada vegetal”, señala Wu.

“Cuando consideras métodos de cocción domésticos comunes, el microondas es el método de preferencia, al menos para muchos vegetales, pero probablemente no para todos”.

 

Antioxidantes

En otro estudio, los investigadores compararon el contenido de fenólicos, (unos compuestos asociados a varios beneficios para la salud) en varios vegetales después de haber sido hervidos, cocidos al vapor o al microondas.

Los dos últimos métodos provocaron una pérdida en el contenido de fenólicos en calabazas, guisantes y puerros, pero no en espinaca, pimientos, brócoli o habichuelas.

También evaluaron la actividad de antioxidantes.

En ambas mediciones, el resultado de los vegetales era mejor cuando se los cocía al microondas que cuando se los hervía.

 

Calentar en recipientes plásticos

Con frecuencia ponemos en el microondas alimentos en envases y envoltorios plásticos, pero algunos científicos advierten del riesgo de ingerir ftalatos.

Cuando se exponen al calor, estos aditivos plásticos pueden romperse y penetrar la comida.

“Algunos plásticos no están diseñados para microondas porque contienen polímeros para hacerlos suaves y flexibles, que se derriten a bajas temperaturas y pueden filtrarse durante la cocción al microondas si la temperatura supera los 100ºC”, dice Juming Tang, profesor de ingeniero de la alimentación de la Universidad del Estado de Washington, en EE.UU.

En un estudio de 2011, los investigadores compraron más de 400 contendores de plásticos diseñados para comida, y descubrieron que la mayoría perdía sustancias químicas que interferían con las hormonas.

 

Sistema hormonal

Los ftalatos son unos de los compuestos más comúnmente añadidos a los plásticos para hacerlos más flexibles, y suelen encontrarse en los contenedores de comida para llevar, envoltorios y botellas de agua.

Se descubrió que interfieren con nuestras hormonas y sistema metabólico.

En los niños, los ftalatos pueden aumentar la presión sanguínea y la resistencia a la insulina, que puede aumentar el riesgo de desórdenes metabólicos como la diabetes y la hipertensión.

La exposición a estas sustancias también ha sido vinculada a problemas de fertilidad, asma y al trastorno por déficit de atención con hiperactividad.

Los ftalatos también posibles alteradores de las hormonas tiroideas, dice profesor de medicina ambiental y salud de la población de la Escuela de Medicina NYU en Nueva York.

Entre otras cosas, estas hormonas son cruciales para el desarrollo del cerebro del bebé durante el embarazo.

 

Contaminantes en movimiento

El bisfenol (BPA) se usa comúnmente en productos plásticos y estudios indican que también puede interferir con las hormonas. Pero los estudios son limitados, en relación a la cantidad que hay sobre los ftalatos.

Los ftalatos están por todos lados -incluso en juguetes y cremas corporales- y aún no está claro cuánto daño hacen.

Pero la mayoría de los expertos concuerdan en que calentar plásticos con ftalatos puede aumentar nuestra exposición a ellos.

“El microondas moviliza contaminantes“, dice Rolf Halden, profesor y director del Centro de Biodiseño para la Ingeniería de la Salud Ambiental de la Universidad Estatal de Arizona.

“Este proceso se utiliza en laboratorios para extraer contaminantes de muestras, antes de hacer análisis químicos”.

Y los riesgos potenciales no aumentan necesariamente en función de cuán seguido un individuo calienta comida en el microondas en recipientes plásticos, argumenta Trasande, ya que la relación entre la cantidad de exposición química y el riesgo de interferencia con las hormonas no es lineal.

Es importante recordar que, cuando calentamos comida en contendor plástico, la exposición también puede tener lugar aunque el plástico no toque la comida, como en el caso de una tapa.

“El agua se eleva de la comida en forma de vapor, y se condensa en la tapa, y los químicos de la tapa caen sobre la comida”, dice Halden.

 

Otros materiales

La mejor forma de minimizar los riesgos es usar otros materiales seguros para el microondas como la cerámica.

Si usas contenedores plásticos, evita aquellos que pierden la forma, ya que los contenedores viejos y dañados son más proclives a despedir químicos.

También puedes verificar que tengan el símbolo universal de reciclaje, por lo general en el fondo del producto.

Los que tienen el número 3 y la letra V o PVC contienen ftalatos.

 

Riesgos del calor

Aunque evites los plásticos, hay otros riesgos potenciales de calentar comida en el microondas, que incluyen la distribución despareja del calor y las altas temperaturas que se utilizan.

Primero, considera utilizar el microondas para recalentar más que para cocinar, ya que puede cocinar de forma despareja.

“Dependiendo de la porción de comida que calientes, habrá algunas partes más calientes que otras”, explica Francisco Diez-González, profesor de seguridad alimentaria de la Universidad de Georgia, en EE.UU.

Es importante destacar que recalentar comida, también tiene sus riesgos. La comida debe ser calentada hasta alcanzar los 82ºC en todas partes para matar las bacterias dañinas, y como las bacterias pueden crecer cada vez que la comida se enfría, no debes recalentar la comida más de una vez.

Las temperaturas más altas del microondas también plantean un riesgo. En general, las temperaturas altas no son un problema, pero algunas investigaciones sugieren que hay un riesgo vinculado a la cocción de algunas comidas con almidón en el microondas, incluidos los cereales y los tubérculos.

 

Cristales en las papas

Cuando Betty Schwartz, profesora de ciencias de la nutrición de la Universidad Hebrea de Jerusalén, vio a sus estudiantes calentar papas en el microondas para el almuerzo, notó pequeños cristales dentro de las papas.

Al analizarlos, vio que tenían un alto contenido de la sustancia química acrilamida, un derivado natural de la cocción.

Schwartz les pidió a sus estudiantes que hirvieran al papa, y descubrió que esto no creaba acrilamida, que según dice se forma por las altas temperaturas del microondas.

Esto es preocupante porque, en estudios con animales, se vio que la acrilamida actúa como un carcinógeno porque interfiere con el ADN de las células. La evidencia en humanos es limitada.

Hay algunas investigaciones que indican que los microondas facilitan el desarrollo de acrilamida más que otros métodos de cocción.

“A 100ºC, hay suficiente energía como para alterar las uniones automáticas entre moléculas para producir una molécula con mucha más energía, que puede reaccionar con el ADN, lo cual induce mutaciones”, dice Schwartz.

“Cuando tienes muchas mutaciones, esto puede producir cáncer”. Estudios con animales han mostrado que este puede ser el caso con las acrilamidas.

Una forma de evitar este problema es sumergiendo las papas en agua antes de ponerlas en el microondas.

 

Radiación

En cuanto a la radiación, los microondas son totalmente seguros. Estos utilizan radiación electromagnética de baja frecuencia, del mismo tipo que usan los bombillos y la radio.

Cuando pones comida dentro del microondas, esta absorbe estas microondas, lo cual hace que las moléculas de agua en la comida vibren, provocando la fricción que permite que se caliente.

Los humanos también absorbemos ondas electromagnéticas. Pero los hornos a microondas producen ondas de relativamente baja frecuencia y están contenidas dentro del aparato.

Incluso si ese no fuera el caso, las ondas son inocuas, dice Tang.

Claro que no lo es el calor, por eso nunca deberías poner algo vivo dentro del microondas.

“Las microondas son parte de las ondas electromagnéticas a las que estamos expuestos a diario. Cuando horneas pan, estás expuesto a ondas electromagnéticas y energía infrarroja de los elementos que generan calor del horno. Incluso la gente intercambia ondas radioactivas entre sí”, explica Tang.

“Si estás comiendo cultivos que crecen al sol, no deberías preocuparte por la comida de un microondas”.

A diferencia de los rayos x, los microondas no usan radiación ionizada, lo que significa que no tienen la energía suficiente para separar electrones de átomos.

“Tienes que romper uniones químicas para dañar al ADN. Esta es la forma principal en la que mata la radiación: hace que muten las células y causa cáncer”, dice Timothy Jorgensen, profesor asociado de medicina de radiación del centro médico de la Universidad Georgetown, en EE.UU.

La preocupación en torno a la radiación de los microondas surgió en los primeros años de su invención, dice Jorgenson.

Muchas de las investigaciones llevadas a cabo por científicos del Army Natick Research and Development Laboratories en Massachusetts, EE.UU., calmaron estos temores.

Cuando se trata de cocinar comida en el microondas, hay mucho que considerar.

Desde hace mucho tiempo se considera que son seguros, pero hay que hacer ciertas salvedades, dicen investigadores.

Y, sobre todo, algunos expertos todavía se cuestionan la seguridad de poner dentro contenedores plásticos, que pueden interferir con nuestras hormonas, y en consecuencia afectar nuestra salud.

 

Fuente: BBC

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Salud

Las sorprendentes razones detrás de los antojos de las embarazadas

Todos hemos escuchado historias sobre mujeres embarazadas con extraños antojos.

La que quiere solo helado y encurtidos, la que envía a su esposo a la 1 de la madrugada a por pollo frito, que desea de una manera profunda y primitiva, o la de aquella que necesita cinco barras de una marca de chocolate muy específica.

Tal vez incluso hemos experimentado ese intenso deseo de este tipo nosotros mismos.

A menudo se especula con que los antojos durante el embarazo satisfacen algunas necesidades nutricionales de la mujer o el feto, y hay algo atractivo en la idea de que reflejan una realidad biológica subyacente.

Después de todo, es una parte confusa de un proceso a veces difícil.

Gestionar a un humano entre las vísceras ya es largo, agotador e incómodo, así que es mejor que haya una razón para la urgente necesidad de comer tacos.

No en todas las culturas

Sin embargo, las investigaciones científicas conceden al tema un halo misterioso y bastante más complejo.

Los investigadores descubrieron que los antojos de embarazo como concepto no necesariamente se experimentan en todas las culturas.

Y en aquellas culturas de habla no inglesa donde las mujeres a veces tienen antojos, piden cosas muy diferentes a las que quieren las mujeres de Estados Unidos o Reino Unido, por ejemplo.

En Japón, cuando se habla de antojos, el alimento más comúnmente deseado es el arroz.

Es más, los estudios para ver si los alimentos comúnmente deseados proporcionan nutrientes específicos que son útiles para el embarazo se encontró que no suelen ser buenas fuentes de alimento.

De hecho, las mujeres que reportan antojos tienden a aumentar más de peso de lo que generalmente se considera saludable durante un embarazo, lo que puede conducir a una mayor tasa de complicaciones.

Eso no significa que las mujeres que tienen antojos se estén inventando todo.

La ciencia cree que estos antojos pueden estar provocados por algo diferente a necesidades bioquímicas.

Analizar el deseo de determinados alimentos en general puede proporcionar parte de las respuestas, sugiere Julia Hormes, profesora de psicología en la Universidad Estatal de Nueva York, que ha estudiado los antojos en muchos entornos diferentes.

Por ejemplo, alrededor del 50% de las mujeres de Estados Unidos que tienen antojo de chocolate lo hacen en la semana anterior a su período, dice Hormes.

Los científicos han explorado si este deseo se produce por la necesidad de consumir algún nutriente importante para la menstruación, o si refleja el cambiante estado de las hormonas.

En un experimento, un psicólogo les pidió a las mujeres que abrieran una caja que les habían dado y que comieran lo que había dentro la próxima vez que sintieran ese antojo.

Algunas cajas contenían chocolate con leche, que tiene todos los nutrientes que generalmente se encuentran en el chocolate junto con una textura que se derrite en la boca.

Otras tenían chocolate blanco, que no contiene sólidos de cacao (que le dan a la leche y al chocolate oscuro sus colores marrones) pero tiene una textura agradable, y algunas cajas tenían pastillas de cacao, que tienen los nutrientes sólidos de cacao pero nada de la experiencia de comer chocolate.

El chocolate blanco fue en realidad el más exitoso para saciar los antojos, lo que descartó que se produjeran por la necesidad de consumir nutrientes útiles o ingredientes activos del cacao.

Otros estudios que analizaron los antojos de chocolate no encontraron ninguna conexión con los niveles hormonales.

De hecho, las mujeres en la menopausia continúan reportando antojos de chocolate, dijo Hormes.

Simplemente lo atribuyen a alguna otra causa.

Todo esto apunta a que el origen de los antojos es cultural o psicológico.

Alimentos sabrosos

El fuerte deseo de una galleta mantecosa, una barra de chocolate o una bolsa de papas fritas, puede comenzar como un simple pensamiento y luego convertirse poco a poco en una obsesión a la que es difícil no hacer caso.

Al mismo tiempo, en Estados Unidos y otros lugares, la idea de alimentos muy sabrosos, acarrean un fuerte sentimiento de culpa.

En inglés se utilizan la palabra “palatable”, un término que los investigadores usan para referirse a todo, desde helados hasta pasteles y macarrones con queso derretido.

“Hay una cierta ambivalencia”, dice Hormes, “es placentero, pero culturalmente algo me dice que no debería comerme este chocolate. Realmente lo quiero, pero no debería. Creemos que este es el marco que alimenta la creación de un antojo“.

En particular, si alguien ha estado aguantándose durante bastante tiempo o si se permite comer algo pocas veces, es difícil controlarse.

Así que, después de comer un pedazo de pastel, en lugar quedarse satisfecho, se come tres más.

Además, las mujeres embarazadas a menudo limitan la ingestión de ciertos alimentos, como el sushi o la carne poco curada, ya sea con el objetivo de que tengan una dieta más saludable o por recomendaciones de los médicos.

Todo esto en conjunto conduce a una situación, al menos en algunas partes del mundo, donde es más probable que surjan los antojos y que sean difíciles de controlar.

Y esto a su vez puede llevar a un aumento excesivo de peso.

El embarazo también puede verse como un momento en el que los antojos no se pueden juzgar con dureza.

Días “permitidos”

“Esta cultura también parece identificar ciertos momentos y excusas donde no se ve tan mal que las mujeres coman cosas de las que se supone que deben mantenerse alejadas”, dice Hormes.

“El síndrome premenstrual y el embarazo son ocasiones reconocidas socialmente como los momentos en los que las mujeres pueden abandonarse a la tentación”.

Interrumpir las reflexiones que conducen a un antojo urgente puede ayudar a detener la idea de un atracón de comida, dice Hormes.

Trucos para evitarlos

Una forma es utilizar las distracciones.

Se han realizado estudios que utilizan distracciones visuales y también olores, y otra es recurrir a la atención plena y la meditación para reconocer el deseo y dejarlo pasar.

También recomienda que, si anhelas por ejemplo chocolate, busques alguno realmente de calidad.

Toma un par de cuadrados todos los días y sigue con tu vida es un método que puede ayudar a eliminar parte de su importancia totémica.

Cuando se trata de los antojos de embarazo, puede haber un factor cultural adicional: el embarazo es exigente y puede ser difícil superarlo sin ayuda.

Un estudio entre mujeres rurales de Tanzania que tenían como antojo carne, pescado, granos, frutas y verduras señaló que proporcionar la comida deseada era un signo de apoyo social por parte del esposo y su familia.

De hecho, el pollo frito a la una de la madrugada requiere que la persona que debe traerlo tenga un alto grado de compromiso.

Y aunque estas comidas son intensamente placenteras por sí mismas, el hecho de que alguien que amas te las traiga tiene un valor más allá de lo calórico.

 

Fuente: BBC

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Salud

El plato de Harvard, la clave para una alimentación saludable

Se trata de una guía para crear comidas equilibradas que sustituye a la obsoleta pirámide alimenticia

¿Quieres cuidar la alimentación en casa y apostar por una educación saludable? Entonces tienes que tener a mano el plato de Harvard, creado por expertos en nutrición de la Escuela de Salud Pública de Harvard con el objetivo de servir de “guía para crear comidas saludables y equilibradas“. Si pensabas que la pirámide alimenticia era una buena guía, te avisamos: te hace falta una actualización. Y aquí te la ofrecemos.

La pirámide alimenticia se ha quedado obsoleta

Si te decimos “pirámide alimenticia” seguramente te imagines la típica pirámide que aprendimos de pequeños y que describía por entonces la base de la alimentación (en la base de la pirámide, cereales, patatas y derivados -pan y pasta-) y lo superfluo en la alimentación (la cúspide, dulces y grasas, sin diferenciar la calidad de estas últimas).
Pero las cosas han cambiado y esta pirámide se ha visto superada por el plato de Harvard, que ilustra la cantidad de nutrientes que debemos comer al día y apuesta por la calidad de la dieta. Si quieres apostar por una buena alimentación en familia, te recomendamos que tengas bien presente en casa esta imagen y estas proporciones.

Las claves del Plato de Harvard

1.- Verdura y fruta, los protagonistas principales. Si os fijáis en el plato, veréis que la mitad del mismo lo ocupan las verduras y las frutas. Sus creadores nos animan a apostar por la variedad y color en este grupo de alimentos y nos recuerdan (lo sentimos) que las patatas no entran dentro de este grupo. En el plato de Harvard, el peso de las frutas y verduras es mayor que en el de la pirámide, cuya base era ocupada por los cereales.

2.- Los granos, integrales. Una cuarta parte del plato debe ser ocupado por granos integrales. Es importante tener en cuenta el cambio que supone con respecto a la pirámide, en la que no se diferenciaba claramente entre cereales refinados e integrales. Nos cuentan los creadores del Plato de Harvard que los “granos integrales e intactos – trigo integral, cebada, granos de trigo, quínoa, avena, arroz integral, y las comidas preparadas con estos ingredientes como pasta de trigo integral – tienen un efecto más moderado en la azúcar en la sangre y la insulina que el pan blanco, arroz blanco, y otros granos refinados”.

3.- La proteína, saludable. Otra cuarta parte del plato la ocupan las proteínas, que pueden ser de origen animal (pescado y pollo principalmente, y carnes rojas no procesadas con moderación) o vegetal (legumbres y nueces). Los expertos creadores del plato nos advierten: «evite carnes procesadas como “bacon” y salchichas».

4.- La importancia de aceites vegetales de calidad. “Recuerde que ‘bajo en grasa’ no significa ‘saludable’“, dicen en la web del Plato de Harvard. Porque aunque en la pirámide el aceite se situaba en la cúspide, en el apartado “usar poco”, no son lo mismo las grasas hidrogenadas (que contienen grasas trans no saludables) que los aceites vegetales de calidad, como nuestro aceite de oliva.

5.- ¿De beber? Más claro, agua. Los expertos creadores del plato de Harvard son tajantes: “Omita las bebidas azucaradas, limite la leche y productos lácteos a una o dos porciones al día, y limite el zumo a un vaso pequeño al día”. La fruta, mejor entera, advierten los nutricionistas.

6.- La actividad física, otro ingrediente fundamental para tu salud. Ya hemos hablado de esto en otro post: La Organización Mundial de la Salud recomienda las actividades físicas moderadas y vigorosas para menores de 5 a 17 años para reducir el riesgo de enfermedades no transmisibles y mejorar el estado del corazón, los pulmones y los huesos. Como mínimo, se recomiendan 60 minutos diarios de actividad física de intensidad “moderada a vigorosa” aunque se apunta que “la actividad física por un tiempo superior a 60 minutos diarios reportará un beneficio aún mayor para la salud”.

¿Cómo hacer más saludable la alimentación en familia?

Si queremos hacer cambios en la alimentación de la familia, tendremos que evitar que esta se convierta en un motivo de conflicto o tensión. Por eso, el conocido nutricionista Julio Basulto considera que la base de una buena alimentación en familia debe ser: “Dar buen ejemplo (y no solo con la alimentación, sino con nuestro estilo de vida), respetar las preferencias del niño y tener alimentos saludables en casa”.

En un reciente post en Cuerpomente, la nutricionista Lucía Martínez (Dime Qué Comes) detallaba ocho pequeños cambios (aquí detallamos seis) que podemos hacer para apostar por una alimentación más saludable:

Tomar café (o leche con cacao) sin azúcar (o con menos azúcar). Lucía nos propone «ir bajando un poquito cada semana la cantidad de azúcar» que añadimos a estas bebidas.

Una fruta más al día. La fruta, opina la nutricionista, «es la asignatura pendiente de mucha gente». Por eso, nos invita a cambiar el bollo de media mañana o el yogur azucarado por fruta y a dejarla lista cada día.

Una receta con verduras nueva a la semana. Probar recetas nuevas cada semana en familia abre un gran abanico de sabores y nos acostumbra a la novedad. «Con que solo diez de ellas [esas recetas nuevas] pasen a formar parte de tu repertorio habitual, ya será una gran mejora», asegura Lucía.

— Pasarse al pan integral.

Comer legumbres una vez más a la semana. «Cambiar una de las ingestas de ultraprocesados o de carne por legumbre siempre va a ser buena idea», señala.

Leer etiquetas. Aunque lo ideal es comprar la menor cantidad de productos procesados posibles, Lucía nos anima a examinar las etiquetas de los productos que compramos y entenderlas.

 

Fuente: El Dia

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Salud

Los beneficios de la ira: el lado bueno de hacer las cosas con enfado

Una cara roja, un corazón palpitante, la tendencia a evitar decir las palabras más adecuadas: estos síntomas serán dolorosamente familiares para cualquiera que alguna vez haya sentido enojo.

Séneca llegó a describir la ira como una “locura breve” que nos coloca en el camino de la autodestrucción, “muy parecido a una roca que cae y se rompe en pedazos sobre la misma cosa que aplasta”.

En opinión del filósofo romano, es nuestra “pasión más horrible y salvaje” y “fundamentalmente perversa”. Y argumentó que “ninguna plaga le ha costado más caro a la raza humana” que la ira.

Si es así, deberíamos estar preocupados.

Nuestra impotencia frente a la pandemia mundial y las frustraciones de la cuarentena pueden estar llevando a muchos a sentirse más enojados de lo habitual.

 

Esto ha llevado, por ejemplo, a un aumento del 40% en las solicitudes de divorcio en Reino Unido. O en el menor de los casos, un conflicto con nuestros colegas o una discusión con un familiar puede llevarnos a acciones que luego lamentamos.

Pero no tiene por qué ser así.

Si bien el enojo manifiesto es claramente una fuerza destructiva, algunos experimentos recientes sugieren que la ira y las emociones relacionadas, como la frustración o la irritación, también pueden traer algunas ventajas, siempre que sepamos cómo canalizar la energía que surge de esos sentimientos.

De hecho, los expertos señalan que aprovechar nuestros sentimientos de enojo puede ser mucho más efectivo que simplemente reprimirlos.

“La supresión simplemente te deja exhausto”, explica R. David Lebel, un científico organizacional en la Universidad de Pittsburgh (EE.UU.). “Entonces, para mí, se trata de dónde vamos a dirigir esa energía”.

Entonces, ¿cuáles son esos beneficios? ¿Y cómo podemos aprovecharlos?

Moviliza

Como primer ejemplo de los beneficios potenciales de la ira, comencemos con la forma física.

Tiene sentido que la emoción, que evolucionó para preparar el cuerpo ante una pelea, pueda dar como resultado una explosión de fuerza. Y ahora hay muchas pruebas de que esto puede dar ventaja en muchos deportes.

“La ira es un tipo de emoción movilizadora que se activa fisiológicamente”, explica Brett Ford, de la Universidad de Toronto (Canadá). “Y puedes usar esa activación para cumplir un objetivo físico”.

En un experimento publicado por primera vez en 2009, científicos del deporte en Reino Unido pidieron a los participantes que imaginaran una escena molesta.

Entonces fueron sometidos a una prueba de fuerza en las piernas, en la que se les pidió que patearan tan fuerte y rápido como pudieran durante cinco minutos, al tiempo que una máquina midió la fuerza de sus movimientos.

La ira llevó a un aumento significativo en su rendimiento, ya que canalizaron su frustración hacia el ejercicio, en comparación con los participantes que se sintieron más neutrales.

Estudios posteriores encontraron beneficios similares en el lanzamiento de pelota y el salto: cuanto más enojados se sentían, hacían lanzamientos más rápidos o daban saltos más altos.

Además de proporcionar una explosión de energía, la ira también puede aumentar la precisión, como reveló recientemente un análisis de jugadores de la NBA.

Los investigadores examinaron los tiros libres de las respuestas de los jugadores después de una falta “clear path” en la que un oponente hace contacto deliberadamente con un jugador que va solo y sin obstáculos para encestar en la canasta.

Se cree que esta es una falta especialmente molesta porque la canasta hubiera sido muy fácil de lograr.

Si la explicación tradicional de los efectos de la ira fuera cierta, se esperaría que la sensación de frustración, después de la falta, destruyera la precisión del afectado durante el tiro libre.

Pero lo cierto es exactamente lo contrario.

Los jugadores tenían más probabilidades de anotar después de la falta flagrante, en comparación con otros tiros libres que no habían surgido de circunstancias tan frustrantes.

Para asegurarse de que este resultado no fuera simplemente una peculiaridad del baloncesto, los investigadores también examinaron los puntajes en la Liga Nacional de Hockey de EE.UU.

Al analizar 8.467 disparos, descubrieron que los jugadores que se enojaban por una falta tienen más probabilidades de anotar después de recibir un penal que durante un decisivo shootout (definición por penaltis) al final de un juego.

Los investigadores enfatizan que los tiros libres y los tiros penales son movimientos bien practicados y relativamente directos. Y es posible que no se vean los mismos beneficios en tareas más complejas.

Pero al menos en estas circunstancias, la sensación de injusticia agudizó la resolución del atleta y aumentó su rendimiento.

David Lebel, quien recientemente analizó el documental The Last Dance de ESPN sobre Michael Jordan, señala que el basquetbolista logró poner su ira a su favor de la misma manera.

“Tomaba cualquier desaire de un oponente o entrenador, y lo canalizaba por completo y lo usaba en el próximo juego”, afirma.

La chispa de la creatividad

Lejos del campo deportivo, la ira parece mejorar la persistencia y la perseverancia ante los desafíos cognitivos.

En un experimento frustrante, Heather Lench, de la Universidad de Texas A&M, y Linda Levine, de la Universidad de California en Irvine, pidieron a sus participantes que primero resolvieran un conjunto de 21 anagramas de cinco letras, que se presentaron como una prueba de inteligencia verbal.

Los primeros siete anagramas en el experimento parecían reales, pero eran imposibles de resolver.

Los investigadores querían medir los efectos de esos “fracasos” en el estado de ánimo y la motivación, por lo que interrogaron a los participantes sobre sus emociones en cada etapa de la prueba y midieron cuánto tiempo permanecieron en cada acertijo.

Como era de esperarse, cada participante respondió de manera diferente a los anagramas imposibles: algunos se sintieron ansiosos después del fracaso, algunos se sintieron tristes y otros quedaron completamente inexpresivos.

Pero fueron las personas más enojadas las más persistentes durante toda la tarea. En lugar de rendirse, la molestia pareció energizarlos, por lo que fueron más persistentes en cada prueba subsecuente.

Un estallido de ira también puede provocar una mayor creatividad.

En las lluvias de ideas, las personas enojadas encuentran soluciones más originales y variadas, en comparación con las personas que se habían predispuesto para sentirse tristes o emocionalmente neutrales.

El aumento de la excitación parece que sobrecarga la mente, permitiéndole establecer conexiones que no están disponibles en otros estados emocionales.

El estallido inicial de energía creativa parece agotarse rápidamente, pero vale la pena considerar estos beneficios siempre que se enfrenta un obstáculo irritante en el trabajo.

Ya sea que se trate de comentarios injustos de otros o una falla técnica imprevista, los sentimientos desagradables de frustración podrían inspirar a avanzar.

Confrontación constructiva

Al interpretar este tipo de resultados, Ford enfatiza que el contexto de la situación y la intensidad de los sentimientos son importantes. “La moderación es la clave”, dice.

Un sentido de perspectiva será especialmente importante cuando se decide expresar enojo a los demás.

Raramente es aconsejable dar rienda suelta a su ira, con agresividad u hostilidad manifiestas, pero hay algunas pruebas de que las expresiones controladas de ira pueden ser efectivas para cambiar las opiniones.

Los participantes moderadamente enojados tienden a desempeñarse mejor en negociaciones y confrontaciones. “Si su objetivo es confrontar a alguien, ser firme y dominar, la ira puede ayudarlo a hacer eso”, dice Ford.

Las personas con alta inteligencia emocional lo saben instintivamente: al trabajar con Maya Tamir en la Universidad Hebrea de Jerusalén, Ford descubrió que las personas que obtienen puntajes altos en las pruebas de inteligencia emocional tienen más probabilidades de cultivar sentimientos de ira antes de una confrontación.

Curiosamente, esto parece estar relacionado con un mayor bienestar general: saber cuándo expresar enojo y cómo hacerlo de manera adecuada, puede ayudar a recuperarse más rápidamente de una situación estresante, lo que lleva a una mejor salud psicológica.

Entonces, ¿cómo podemos aprender esas habilidades? “Esa es la pregunta del millón”, dice Ford.

En un artículo reciente, Lebel describió algunas pautas sobre las formas en que podríamos canalizar nuestra ira para lograr un cambio positivo.

Aconseja cultivar la paciencia, planificar respuestas antes de iniciar una confrontación, de modo que haya tiempo suficiente para articular los sentimientos.

“Reconoce tu enojo y luego espera unas horas o un día, y piensa en cómo puedes sacarlo de manera más constructiva”, señala.

También recomienda intentar adelantarse al tipo de respuestas que pueden hacer perder el enfoque y pensar en una respuesta adecuada.

Y sugiere mirar el contexto más amplio del problema.

En el trabajo, por ejemplo, se puede examinar la forma en que la situación influye en los colegas o en la organización, en lugar de centrarse solo en uno mismo, lo que también podría ayudar a expresar los sentimientos de una manera más constructiva.

“Eso reducirá las desventajas potenciales de hablar, si puedes tomarlo y aplicarlo a algo más grande”, dice.

Distancia psicológica

Al sentirse abrumado por sentimientos de enojo y no saber cómo reaccionar también se puede considerar usar algunas estrategias psicológicas para enfriar el pensamiento.

La terapia cognitiva conductual, en la cual un consejero guía a la persona a través de nuevas maneras de replantear las emociones, es necesaria para aquellos con tendencias agresivas mayores.

Pero una nueva investigación muestra que incluso los pasos relativamente simples pueden generar significativo un cambio de comportamiento.

Una técnica eficiente es el “distanciamiento psicológico”.

Esto puede implicar imaginarse mirando hacia el pasado para provocar el evento desde un punto en el futuro, o ponerse en el lugar de un amigo y preguntarse cómo podrían aconsejar que reaccione.

Es importante destacar que el distanciamiento psicológico no eliminará por completo los sentimientos, pero puede aliviarlosy ayudar a tomar decisiones más sabias sobre la mejor manera de responder.

Incluso el simple acto de hablar con uno mismo en tercera persona (diciendo “David se siente enojado porque…”) como si se estuviera aconsejando a un amigo, en lugar de a uno mismo, se ha demostrado que fomenta una actitud más constructiva.

También se puede intentar poner la pluma en el papel.

Múltiples estudios han encontrado que expresar nuestros sentimientos en la palabra escrita puede ayudarnos a comprender los sentimientos dolorosos, lo que permite responder de manera más constructiva.

Tacto y discreción

Estas técnicas pueden tomar tiempo y esfuerzo, pero la evidencia hasta ahora es clara: una mayor apreciación de los efectos de la ira, tanto buenos como malos, encamina hacia una vida más saludable y feliz.

Uno de los predecesores de Séneca lo sabía.

Mientras que el estoico romano describió la ira como fundamentalmente malvada, el filósofo griego Aristóteles reconoció su potencial para lograr un cambio positivo, siempre que no socavara la razón.

En su opinión, el gran desafío era “estar enojado con la persona correcta y en el grado correcto, en el momento correcto, con el propósito correcto y de la manera correcta”.

La investigación científica más reciente puede llevarnos un poco más cerca de lograr esa sabiduría.

 

Fuente: BBC

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