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Los Romanov: el largo proceso en Rusia para identificar a los últimos zares (y por qué es una cuestión de Estado para Putin)

El eco de la metralla reverberó como un trueno sordo en medio de la madrugada. Poco después reinó otra vez el silencio.

En el pequeño sótano de la casa Ipátiev, en las afueras de Ekaterimburgo, solo quedaban los rastros de la sangre y las balas, las esquirlas de cráneo, algunos pelos y pedazos diminutos de sesos estampados entre los hoyos de las paredes empapeladas.

Era el 18 de julio de 1918 y el futuro de Rusia acababa de ajustar cuentas con su pasado: una turba roja de bolcheviques encabezada por Yákov Yurovski, un marxista ferviente y torpe, acababa de masacrar a tiros y bayonetazos a la familia imperial.

Fue el final de los Romanov, la anquilosada dinastía que gobernó “todas las Rusias” por más de 300 años.

Pero cuando Yurovski y sus seguidores más fieles se dispusieron a hacer desaparecer los cuerpos del zar Nicolás II, su esposa Alejandra y sus cinco hijos (Olga, Tatiana, María, Anastasia y Alexei) en dos fosas cerca de los Urales, no solo enterraron con ellos uno de los misterios más inquietantes de la historia del siglo XX.

También abrieron una de las fosas más profundas y divisivas que todavía sigue sin cerrarse en la nación más grande de la Tierra.

Y es que el destino de los últimos Romanov ha sido por más de un siglo uno de los temas más divisivos y polémicos del imaginario popular, político y religioso de Rusia.

Ahora, 102 años después, son todavía el objeto de una extraña disputa entre dos poderes que han vuelto a reconciliarse en la Rusia de Putin: la Iglesia y el Estado.

Durante más de dos décadas, la jerarquía ortodoxa rusa se ha negado a reconocer que los restos encontrados en las afueras de Ekaterimburgo pertenecen a la familia imperial.

Y pese a las pruebas de ADN y sucesivas investigaciones, han impedido que los últimos huesos hallados en 2007, los del zarévich Alexei y su hermana María, sean enterrados en la Catedral de San Pedro y San Pablo, el cementerio de facto de la dinastía Romanov.

El tema, que ha generado titulares por casi 30 años, volvió a ser noticia a mediados de este mes, cuando el Comité de Investigación de Rusia, el principal instituto de investigación criminal del país, reconfirmó que, tras 37 análisis forenses, podían concluir -otra vez- que los huesos pertenecían a la familia real.

“Basado en numerosos hallazgos de expertos, la investigación llegó a la conclusión de que los restos pertenecen a Nicolás II, su familia y personas de su entorno”, aseguró en un comunicado.

Pero ¿por qué el principal órgano de investigación criminal de Rusia sigue tratando de aclarar una y otra vez un asesinato que ocurrió hace más de un siglo y por qué existe tanta controversia en torno a los restos de familia imperial?

El largo camino

El destino de los restos de la familia imperial fue uno de los secretos mejor guardados de la Rusia comunista durante más de medio siglo.

No fue hasta 1979 que un geólogo reconvertido en detective aficionado, Alexander Avdonin, descubrió los primeros huesos en las afueras de la casa Ipátiev en Ekaterimburgo.

Sin embargo, por temor a represalias comunistas, volvió a enterrarlos hasta 1991, cuando el final del régimen soviético marcaba los nuevos tiempos.

Una larga investigación y numerosos exámenes de ADN (para los que hasta el príncipe Felipe de Edimburgo donó sangre) comprobaron que los restos pertenecían a Nicolás II, su esposa, tres de sus hijas y cuatro sirvientes que también fueron asesinados aquella noche de 1918.

Sin embargo, una de las grandes dudas de entonces era dónde estaban los huesos del zarévich y otra de sus hermanas: el rompecabezas del destino de los Romanov todavía no estaba completo.

“En 1998, después de una investigación de cinco años, el gobierno ruso decidió enterrar los restos descubiertos en el sepulcro familiar de los Romanov en la catedral de San Pedro y San Pablo en San Petersburgo como un gesto político de reconciliación y expiación por los crímenes de la época soviética”, le cuenta a BBC Mundo la doctora Marina Alexandrova, profesora de la Universidad de Texas en Austin.

El Santo Sínodo, sin embargo, se opuso a la decisión del gobierno de enterrar los restos y pidió nuevas investigaciones antes de proceder al sepelio.

“Debido a la motivación política del evento y la falta de consulta con la Iglesia ortodoxa rusa, el patriarca no participó en la ceremonia y rechazó los resultados de las pruebas”, recuerda Alexandrova.

Yeltsin desafió la Iglesia y dio luz verde al funeral. Fue visto como una de las grandes fricciones entre su gobierno y la todavía débil jerarquía ortodoxa, que había sido reducida y diezmada durante los años del comunismo.

Pero los días del primer presidente tras la era soviética estaban por llegar a su fin.

Poco antes de la medianoche del 31 de diciembre de 1999, Yeltsin renunciaba y dejaba el cargo en manos de su entonces primer ministro, un antiguo agente de la KGB que se había vuelto su discreta sombra: Vladimir Putin.

Una nueva etapa de relaciones con la Iglesia ortodoxa también comenzaba.

Putin, la Iglesia y el último zar

Según cuenta a BBC Mundo el investigador Pablo de Orellana, profesor del King’s College de Londres, el inicio del gobierno de Putin marcó una nueva etapa en el rescate de la dinastía Romanov que fue más allá de la recuperación de las águilas doradas y los símbolos de la Rusia imperial.

“Con su gobierno se han recuperado también algunas tradiciones zaristas, como el baño en el lago helado en Pascua o Navidad, que era algo que algunos zares hacían para buscar la bendición para toda su nación y que es algo que Putin ha vuelto a hacer”, señala.

“Pero creo que uno de los elementos más importantes en ese sentido es la recuperación de la Iglesia ortodoxa como la única institución de la Rusia zarista que ha vuelto y que ha vuelto a hacerse tan poderosa que se le nombró otra vez como religión oficial”, agrega.

En un referendo realizado en junio pasado para permitir a Putin seguir en el poder hasta 2035, los rusos también votaron para convertir la fe ortodoxa en la religión oficial de Rusia, lo que ha sido visto como una muestra de la consolidación en las relaciones entre el Patriarcado de Moscú y el Kremlin.

De acuerdo con De Orellana es en este nuevo contexto de relaciones donde los Romanov se vuelven figuras claves para los dos poderes.

“La familia imperial rusa es vital para el régimen de ahora y para la narrativa nacionalista que impulsa porque son el nexo entre la historia y el presente ruso a ambos lados del intervalo comunista”, asegura.

“Y para la Iglesia el tema de los Romanov es central, porque la Iglesia ortodoxa rusa es parte de la familia real y la familia real es parte de la Iglesia”, agrega.

Tras el ascenso de Putin la jerarquía ortodoxa rusa proclamó como santos al último zar, su esposa y sus hijos, lo que fue visto con recelo en un país donde la familia imperial todavía es recordada por las masacres y las hambrunas a las que sometieron a su pueblo.

Poco después, para conmemorar la canonización, se erigió un vistoso templo de pomposo nombre sobre la casa donde fueron masacrados: “La iglesia sobre la sangre en nombre de todos los santos que resplandecieron en la tierra de Rusia”.

Sin embargo, un tema seguía siendo un obstáculo: la autenticidad de los restos de los últimos zares.

“La Iglesia rusa se ha mostrado reacia a reconocer que los restos pertenecen a la familia Romanov desde que fueron exhumados oficialmente en 1991 cerca de Ekaterimburgo”, recuerda Alexandrova.

“Y si bien múltiples pruebas de ADN y forenses en Rusia y en el extranjero demostraron que los restos pertenecían a la familia real, su médico, y tres miembros de su círculo íntimo, el tema sigue siendo muy controvertido incluso hoy”, agrega.

Los nuevos restos

La situación dio un viraje drástico entrada la primera década del 2000, cuando un grupo de investigadores descubrió cerca de Ekaterimburgo una nueva fosa con restos humanos.

“En 2007, los restos de los otros dos niños Romanov fueron encontrados en otra tumba sin marcar, y luego de una serie de pruebas de ADN realizadas en varios laboratorios en Rusia y en el extranjero, fueron identificados como los de María y Alexei”, comenta Alexandrova.

“La Iglesia ortodoxa rusa, sin embargo, nuevamente se negó a reconocer los hallazgos y evitó su entierro en el sepulcro familiar”, agrega.

Por los años siguientes, las cajas con los fragmentos de hueso, unas “masas de cenizas” y pelos -todo lo que quedaba de los niños- permanecieron en estantes llenos de polvo en los archivos estatales rusos.

“Debido a la posición de la Iglesia ortodoxa rusa, sus restos aún no están enterrados, lo que, irónicamente, va en contra de la tradición ortodoxa en general”, señala la profesora de la Universidad de Texas.

Nuevas investigaciones

En 2008, bajo el auspicio de Putin, el Tribunal Supremo de Rusia rehabilitó oficialmente a la familia imperial y dictaminó que Nicolás II y su familia fueron víctimas de la represión política.

Dos años después, otro tribunal ruso ordenó a los fiscales reabrir una investigación sobre el asesinato que fue asumida por el principal órgano de investigación criminal del país.

Aunque el proceso fue cerrado después porque se creyó que los que habían disparado contra los zares ya habían probablemente muerto, una corte ordenó reabrirlo por considerar que el hecho de que los presuntos culpables no estuvieran vivos no era motivo suficiente para no seguir investigando.

En 2015, por instancias de la Iglesia ortodoxa, los restos de la familia imperial fueron otra vez exhumados y sometidos a nuevas pruebas de ADN, que reconfirmaron que se trataba del zar y su familia.

Se corroboró, además, que los otros restos encontrados eran los de Alexei y María.

El funeral de los últimos Romanov estaba listo para octubre de ese año, pero nuevamente, la Iglesia pidió que se aplazara para realizar una investigación propia.

“La Iglesia la comenzó en 2015, pero no ha anunciado aún los resultados”, indica Alexandrova.

En la víspera del centenario de la masacre, en 2018, el gobierno ruso anunció que una nueva pesquisa había confirmado otra vez que los huesos pertenecían a los Romanov y este año, en la efeméride de la muerte, nuevamente volvió a sostener el mismo argumento.

La gran prueba

por Anastasia Golubeva, corresponsal del servicio ruso de la BBC en Moscú

Esta no es la primera vez que el Comité de Investigación de Rusia publica sus hallazgos para coincidir con el aniversario de la ejecución de la familia Romanov.

Hace dos años, cuando se cumplió el centenario del asesinato de la familia imperial, los investigadores anunciaron que habían confirmado que el análisis genético de los restos, encontrados en la región de Ekaterimburgo, coincidía con el ADN de la familia imperial.

Este año, los hallazgos se basan en pruebas “históricas” de los restos.

El proceso de identificación de la autenticidad de los restos reales se ha prolongado durante más de 100 años, durante tres intentos de investigación.

El esfuerzo actual despegó en 2015 y aún continúa con docenas de pruebas antropológicas, químicas, genéticas y de otro tipo en curso.

Sin embargo, la prueba de fuego de estas investigaciones estará en lo que la Iglesia ortodoxa rusa decidirá acerca de ellas, ya que su opinión es fundamental en el proceso de poner el asunto a un lado.

 

Las razones del debate

De acuerdo con De Orellana, la disputa en torno a la autenticidad de los restos imperiales muestra cómo durante el gobierno de Putin la Iglesia ha vuelto a ser una “institución que legitima lo que ocurre” y, por tanto, que “legitima también lo que se quiere contar de la historia”.

“Esto lo vemos en cómo la Iglesia en varias ocasiones ha sido quien ha tomado decisiones sobre los cuerpos, por ejemplo, donde los ponen”, señala.

Sin embargo, cree que a su vez esta posición de reticencia eclesial genera un solapado conflicto político.

“Hay una contradicción, porque el gobierno de Putin necesita que se acabe la historia de los zares, que los cuerpos sean ‘hallados’ simbólicamente, ‘traerlos a casa’ y tener un lugar en el que puedan celebrarlos. Al final es una pelea para terminar la historia y traerla al hoy”, dice.

“La reconstrucción de todo esto es muy importante porque Putin ha reinventado el nacionalismo ruso sobre la base de las mismas teorías nacionalistas de los zares. O sea no es solo la obsesión por los cuerpos y demostrar que son la familia imperial, sino que a la vez se está buscando crear continuidad entre ese pasado y la Rusia de ahora”, agrega.

Roman Lunkin, director del Centro para el Estudio de la Religión y la Sociedad -un instituto estatal ruso- coincide en que tanto el gobierno como la Iglesia están involucrados en un proceso mutuo de revisionismo de la historia del zarismo “para su beneficio”.

“La Iglesia rusa no quiere reconocer los restos existentes de la familia imperial porque existe el peligro de una división en su interior como consecuencia de dicho reconocimiento”, afirma a BBC Mundo.

“Existe la posibilidad de que se produzca un levantamiento del movimiento paralelo de monárquicos que no quieren rezar ante los restos oficiales”, señala.

De acuerdo con Alexandrova, según las creencias de la Iglesia ortodoxa, es un pecado grave rezar ante “reliquias falsas”, por lo que uno de los argumentos de la jerarquía eclesial es que no aceptan los hallazgos de las investigaciones porque “la Iglesia no fue invitada a participar plenamente” en el proceso.

Lunkin considera que la oposición también radica en la división que podría crear el reconocimiento entre activistas ortodoxos que todavía creen que algunos miembros de la familia imperial escaparon y viven en secreto en Europa o en Estados Unidos.

“Algunos ortodoxos piensan que en 1918 hubo un asesinato ritual por bolcheviques de origen judío. También hay un movimiento que ve a Nicolás II como un Cristo que murió por los pecados de los rusos”, dice.

Y aunque asegura que estos movimientos no son tan masivos, cree que sí cuentan con la fuerza suficiente para generar escándalo en los medios, algo que la jerarquía eclesial trata de evitar.

Pero en criterio del experto, en el fondo de la disputa está también “un conflicto” sobre el legado de la familia Romanov entre el Estado y la Iglesia.

“Para la Iglesia, el asesinato de la familia imperial es el signo del mal total del período soviético y el satanismo de la ideología marxista. Pero para el Estado, el tiempo soviético es también el período de las victorias y la gloria rusa y el último emperador no es un ejemplo de líder fuerte”.

“Entonces es evidente que para el Estado y la iglesia la glorificación de la familia imperial significa cosas diferentes”.

 

Fuente: BBC NEWS

 

 

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¿Por qué países de norte de Europa siguen reacios a usar tapabocas en plena pandemia?

Autoridades de Suecia, Dinamarca, Noruega, Finlandia e Islandia continúan ignorando la mascarilla para evitar la propagación del coronavirus.

En las calles de Estocolmo, de Copenhague, de Oslo, Helsinki o Reykyavik, y hasta en supermercados, oficinas, autobuses y metros, resulta difícil encontrar a gente con tapabocas. Son una ínfima minoría, a menudo turistas.

Según una encuesta reciente de Yougov, solo entre el 5 % y el 10 % de los sondeados en los países nórdicos afirmaban utilizar mascarilla contra el COVID-19 en los lugares públicos, una proporción que ha permanecido estable desde que empezó la crisis, en marzo. Entretanto, en los otros veinte países sondeados por el instituto, el uso de mascarilla se extiende al 70 % o  incluso al 80 % de los encuestados, en países como India, Estados Unidos o Francia.

Tengo la impresión de que si el gobierno no dice claramente ‘les aconsejamos llevar mascarilla’, nadie lo hará”, considera Camille Fornaroli, una estudiante francesa de 21 años que se quedó muy sorprendida al ver tan pocas mascarillas en Estocolmo, ni siquiera en el metro.

– Seguir las normas –

Para Birgitta Wedel, una jubilada de 63 años, “estaría bien que las autoridades suecas aconsejaran el uso de mascarilla, al menos en los transportes. Pero no voy a ponérmela si soy la única, espero a que las autoridades tomen una decisión oficial”.

“Los suecos asumen sus responsabilidades”, asegura Marten Sporrong, un empresario de 50 años, pese a que la epidemia siga estando muy activa en Estocolmo. “Pero nosotros seguimos las recomendaciones gubernamentales, si nos dicen que no necesitamos mascarilla, no nos la pondremos”, explica.

Frente al coronavirus, Suecia optó por una estrategia menos estricta que dejó a sus vecinos escépticos sobre su balance (más de 80.000 casos y 5.700 fallecidos). Pero, a la hora de rechazar recomendar el porte de mascarilla, los países nórdicos fueron unánimes, y ello pese a las dudas que están surgiendo en los últimos días.

Aparte de Suecia, hubo muy pocos casos en esos países. Así que no voy a criticarlos, en tanto que han mantenido una distancia de seguridad razonable y han realizado correctamente el rastreo de casos. Pero sería otra cosa positiva que podría hacerse”, declaró a KK Cheng, epidemiólogo en el Instituto de Investigación Aplicada a la Salud de Birmingham.

Al ser preguntado el martes sobre qué podría hacerle cambiar de opinión, el epidemiólogo jefe sueco, Anders Tegnell, contestó que todavía esperaba “una forma de prueba de que son eficaces”.

¿Acaso no hay suficientes pruebas de su eficacia? “Eso es absolutamente falso, es [una actitud] irresponsable y testaruda”, reaccionó Cheng, molesto. “Si los que piensan como él se equivocan, esto costará vidas. Pero si yo me equivoco, ¿qué daño puede hacer?”, defendió el experto.

– Dudas –

En Dinamarca, las autoridades sanitarias empezaron a recomendar tímidamente el uso de mascarilla a principios de julio, después de una advertencia de la OMS. Pero en casos muy específicos, como cuando uno acude al hospital para hacerse la prueba o en los transportes, si se regresa de una zona de riesgo.

“En estos momentos, la mascarilla no tiene ningún sentido”, sostuvo el martes el director de Sundhedsstyrelsen, Soren Brostrom. “Pero, a más largo plazo, ¿puede ser útil en los transportes o en otros sitios? Por supuesto, es algo que tenemos que evaluar”, declaró en la televisión danesa DR. 

Una posición que no dista mucho de la de Noruega o la de Finlandia, donde, en principio, no se oponen a la mascarilla.

Actualmente, estamos en una situación muy afortunada […] Pero quizá sea algo que tengamos que plantearnos en un futuro próximo si los contagios aumentan”, explicó a la AFP Are Stuwitz Berg, médico en la dirección sanitaria noruega FHI.

La cuestión podría plantearse […] cuando la gente vuelva de sus vacaciones”, dijo Mika Salminen, responsable de la autoridad finlandesa THL.

Un país nórdico, sin embargo, se apartó ligeramente de la senda este jueves. Islandia anunció que empezará a pedir a la población que porte mascarilla en transporte público, en vuelos internos o algunos comercios.

 

Fuente: Pulzo

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Naasón Joaquín García: líder de iglesia La Luz del Mundo recibe nueva acusación por delitos relacionados a abusos sexuales

La fiscalía del estado de California volvió a acusar este jueves a Naasón Joaquín García, líder de la controversial iglesia Luz del Mundo, de 23 delitos, entre ellos violación de menores, extorsión y posesión de pornografía infantil.

La imputación, que incluye seis nuevos cargos y el establecimiento de una fianza de US$50 millones, señala que los crímenes se cometieron entre junio de 2015 y junio de 2019 en el sur de California.

García, de 51 años lleva más de un año detenido en Estados Unidos después de un escándalo de acusaciones de abuso sexual a menores y producción de pornografía infantil, entre otras denuncias.

La acusación de este jueves llega después de que hace más de tres meses se desestimara por problemas procedimentales la primera.

En esa ocasión, los abogados del líder de La Luz del Mundo intentaron conseguir su excarcelación, posibilidad que parece más remota con la acusación reciente.

Antecedentes

Iglesia del Dios Vivo, Columna y Apoyo de la Verdad, La Luz del Mundo es el nombre oficial de este culto fundado en 1926 por Eusebio Joaquín González, el abuelo de Naasón Joaquín García.

Después de lograr amplia aceptación entre sectores populares con el paso de los años e incluso influencia política.

Era conocida como una de las iglesias evangélicas más poderosas de México y la entidad aseguraba que tenía presencia en 58 países, pero el escándalo del ahora detenido multiplicó las críticas y cuestionamientos a la iglesia.

La corresponsal de BBC Mundo en Los Ángeles, Patricia Sulbarán, explica que este caso ha estado rodeado de ires y venires y, aunque en algún punto se creyó que García saldría libre a raíz de la decisión de la corte apelaciones, esto no sucedió.

“Ahora, por el contrario, aumentan los cargos en su contra en un caso que, por lo que ya se ha visto, promete ser largo”, sostiene la periodista.

Sulbarán añade que en una de las audiencias en las que el acusado estuvo presente, a principios de julio, se le vio demacrado y con una calvicie avanzada.

“En su anuncio de este jueves, la fiscalía reiteró su llamado a posibles víctimas a ponerse en contacto con las autoridades”, añade la corresponsal.

 

Fuente: BBC NEWS

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El Mundo

Irán y Venezuela | Megasis, el inusual supermercado que el país del Golfo Pérsico abrió en Caracas (y qué dice de las tensiones con Estados Unidos)

No es habitual encontrar sirope de dátil ni mermelada de zanahoria en los supermercados de Venezuela.

Pero este es un supermercado poco habitual en el país caribeño.

Se llama Megasis y es iraní.

El local que abrió sus puertas este miércoles en una de las colinas de Caracas, es parte de un conglomerado que posee 700 supermercados en Irán.

En su inauguración, el empresario iraní Issa Rezaie, identificado como viceministro de Industria iraní por la televisión estatal venezolana y cabeza visible del conglomerado Megasis, aseguró: “Nuestro objetivo principal es comercial”.

Aunque hay quien ve intereses más oscuros.

El diario estadounidense The Wall Street Journal publicó recientemente que Rezaie lleva tiempo dirigiendo empresas propiedad de la Guardia Revolucionaria Iraní, un cuerpo militar al que Estados Unidos cataloga como organización terrorista.

BBC Mundo solicitó hablar con un responsable de la empresa pero empleados del establecimiento remitieron a la embajada iraní en Caracas. La embajada no respondió a la petición.

Aunque para los habitantes de Caracas que poco a poco se van acercando a conocerlo no es más que un lugar en el que abastecerse, el nuevo supermercado de la capital venezolana es un reflejo más del pulso que Venezuela e Irán libran contra Estados Unidos.

Washington acusa a Teherán de apoyar el terrorismo y desestabilizar la región de Oriente Próximo, y al presidente venezolano, Nicolás Maduro, de ocupar el poder de manera ilegítima.

El subsecretario interino de la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, Michael Hozak, dijo que el supermercado es un ejemplo de la alianza entre dos estados “parias” y se mostró escéptico respecto a la posibilidad de que Caracas “obtenga mucho beneficio de Irán”.

Sometidos a sanciones estadounidenses que perjudican a sus economías, ambos países han estrechado sus lazos en los últimos meses.

Cómo es el supermercado

El nuevo establecimiento comercial ocupa una enorme nave en la zona de Terrazas del Ávila, rodeada por la popular barriada de Petare.

Antes perteneció a Éxito, una cadena franco-colombiana expropiada en 2010 por orden del presidente Hugo Chávez. Más tarde albergó uno de los puntos de venta vinculados al programa de distribución de alimentos subsidiados del gobierno venezolano conocido como CLAP (Comités Locales de Abastecimiento y Producción).

Como otras muchas tiendas CLAP, cerró. Hasta que llegó Megasis, y abrió en medio de un notable apoyo del gobierno venezolano y de sus medios de comunicación.

Por sus inmensos pasillos, el personal venezolano sigue las instrucciones que les dan sus superiores iraníes.

En Venezuela, país que sufre desde hace años una grave crisis económica, la apertura grandes negocios se ha vuelto inusual.

“Vinimos por curiosidad”, comentó Yaira Rodríguez, vecina de la zona, que no quiso perderse el primer día del nuevo supermercado.

En él, llaman la atención los productos importados iraníes, como el champú de ajo, la crema de canela con dátiles o incluso cuadernos de notas para escribir de derecha a izquierda, como se hace en persa. Pero también pueden encontrarse los artículos típicos venezolanos, como la harina de maíz precocida con la que se elaboran las populares arepas.

Los símbolos nacionales de Irán están muy presentes. Un cartel con las banderas de Irán y Venezuela preside el establecimiento.

Reflejo de la importancia del nuevo negocio para Teherán fue la presencia de su embajador en Caracas, Hojjatola Soltani, en la inauguración.

“Irán, igual que cualquier otro país en el mundo, tiene pleno derecho a aprovechar el libre comercio”, dijo, refiriéndose a las sanciones de Estados Unidos.

Pero los pocos clientes que se han acercado en este jueves de cuarentena, dicen haberlo hecho más interesados por posibles ofertas y descuentos que por conocer la cultura o la gastronomía persas.

“Está bien surtido, pero los precios son los mismos que en otros lugares”, le dijo a BBC Mundo Milenis Lugo.

Ella es una de los muchos que tienen que estirar su sueldo para alimentar a su familia en un país golpeado por la crisis y la hiperinflación, y ahora también por el coronavirus.

Venezuela-Irán, una alianza en ciernes.

Pese a su lejanía geográfica, Caracas y Teherán mantienen buenas relaciones desde los tiempos de Hugo Chávez.

En los últimos meses, los vínculos se han estrechado.

Los apuros económicos del gobierno de Nicolás Maduro, agravados por el efecto de las sanciones estadounidenses, le han llevado a intensificar sus tratos con Irán, también sancionado y, por tanto, menos temeroso del impacto de unas medidas con las que lleva años lidiando.

La colaboración iraní resultó clave para superar el reciente agravamiento de la escasez de gasolina en Venezuela y solo tras la llegada el pasado mayo de cinco buques cargados con combustible procedentes de Irán los venezolanos pudieron volver a repostar con cierta normalidad.

En los últimos meses, Teherán ha enviado también técnicos y material para ayudar a Venezuela a reactivar sus refinerías, castigadas por años de mala gestión, y con ellas su capacidad para producir gasolina.

Irán ha tenido hasta ahora un importante pero oscuro papel en los planes de distribución de alimentos del gobierno venezolano.

El hombre de negocios colombiano, Alex Saab, fue detenido en Cabo Verde, según autoridades estadounidenses cuando regresaba de Irán.

Saab, al que el gobierno venezolano reconoció como su representante, ha sido señalado por presunta corrupción en el manejo de los CLAP y se le tiene por uno de los empresarios más cercanos a Maduro.

El pasado junio, la embajada iraní informó que un nuevo buque se dirige a Venezuela, esta vez con alimentos destinados al supermercado recién abierto.

En Venezuela, un país en el que, según la ONU, un tercio de la población vive en situación de inseguridad alimentaria, los alimentos a precios asequibles son una necesidad crítica para muchos.

Por ahora, no parece que el supermercado iraní vaya a cubrirla.

La peluquera Mairena Gómez lo expresó tras su primera visita al establecimiento: “Hay comida, lo que no hay es dinero para pagarla”.

 

Fuente: BBC NEWS

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