Conéctate con nosotros

#YoParticipo

La lira de Nerón del votoblanquismo

Por: Leonardo Puentes

Era la noche del 18 de Julio del año 64 de nuestra era y las llamas se propagaban por al menos 10 de los 14 barrios de la Roma antigua durante cinco terribles días, arrasando consigo monumentos como el templo de Júpiter y el hogar de las vírgenes vestales. Según versiones de Dion Casio y Suetonio, historiadores del Siglo I y II D.C. Nerón, quien fungía como emperador por aquellos días, salió a su balcón en traje de ocasión para interpretar la Iliou Persis (El saqueo de Troya) acompañándose de su lira mientras ardía la noche bajo el cielo romano.

Pero las versiones se contradicen cuando de conocer un responsable se trata. Por un lado Nerón, culpó a las minorías cristianas, hecho que desencadenó la primera gran persecución religiosa por todo el imperio. Pero otros testimonios aseguran que fue el mismo Nerón quien dio ordenes para propagar las llamas desde las tiendas cercanas al Circo Máximo. Los hechos posteriores parecen dar veracidad a estos testimonios, pues luego de la tragedia Nerón mandó a ampliar sus dominios ordenando la construcción de su Domus Aurea (la casa de oro) un lujoso e imponente palacio de jardines, baños y esculturas, ubicada justo sobre las cenizas de las casas más pobres en el centro, hecho que le acrecentó la impopularidad entre los ciudadanos romanos. Años después el emperador Vespasiano mandaría tumbar el palacio megalomaníaco para construir sobre este el famoso Anfiteatro Flavio, conocido hoy como el Coliseo Romano.

La anécdota del incendio pasó a la historia no por su magnitud de destrucción sino por el hecho de que Nerón se haya atrevido a tocar la lira mientras la ciudad sucumbía al horror. Y en retrospectiva podemos decir que aquellos días infernales de Roma parecen arder hoy entre las llamas de una contienda electoral y de una Colombia incendiada bajo el combustible de la “polarización” que algunos propagaron sobre un discurso que en lo practico carburó muy bien, pero que en lo teórico parece hasta hoy no tener tripas ni corazón. El discurso del denominado Centro.

La actual contienda pasará a la historia porque un sector político y un grupo de periodistas se encargó de configurar ese concepto de centro como un nuevo polo de atracción de opinión. Irónicamente esa narrativa anti-polarización logró capitalizar bajo el nombre de Coalición Colombia casi 5 millones de votos el pasado 27 de Mayo, utilizando la hábil estrategia de arrinconar y “Polarizar” a los candidatos más populares hacia orillas totalmente opuestas, Iván Duque a la extrema derecha y Gustavo Petro a la extrema Izquierda.

Por todos lados se han escuchado ecos satanizando superficialmente a la polarización, con slogans como: “Colombia no puede caer atrapada en dos polos extremos”, “Petro y Duque han polarizado desde el odio a la opinión pública”, “A los Colombianos no nos van a poner a escoger entre populismo izquierda y populismo de derecha”

Sorprendentemente, la sociedad Colombiana absorbió sin chistar este rosario de flamas, así como en su momento consumió todo ese carbón ardiente del “Castrochavismo” que sigue hoy calentando las calles y los mercados.

Es necesario señalar que la polarización es un síntoma sociocultural que reconoce disentimientos en dos o más vectores; es decir, una sociedad polarizada no siempre está fragmentada en dos tendencias necesariamente antagónicas.

La polarización puede contener 2, 3, 4, o más focos de pensamiento divergentes. Incluso la existencia de varios polos ideológicos es un síntoma de una democracia sana. Justamente por no permitir polos diversos es que la sociedades caen atrapadas en regímenes autocráticos, plutocráticos, monarquías, hegemonías. Es un error histórico permitirnos sociedades muy homogéneas, uniformadas tanto de piel y pensamiento. No es necesario citar fenómenos conocidos por todos como el franquismo español, el estalinismo ruso o el nacional socialismo en Alemania. Sociedades donde no se permitió la existencia de polos de pensamiento diferentes al sentir del dictador de turno.

Por eso mismo me parecía legitimo que el centrismo tratara de abrirse espacio como un polo con opción de poder, pero, lo que discuto y en lo que difiero es en el “como” lo hicieron: instigando una conflagración de miedo más que promocionando sus epígrafes ideológicos. Postulados que en mi búsqueda no ha arrojado resultados relevantes más allá de un acuerdo programático con tres pilares que en lo semántico están contenidos en el mismo programa de gobierno del tildado derechista Duque y del izquierdista Petro: “Lucha contra la corrupción, reconciliación y educación”

Más allá de eso no existe soporte teórico alguno que cimiente el ideario centrista como dogma político, pero eso si, la llama se propaga porque el colombiano promedio confunde las propuestas, el estilo y hasta la personalidad del líder con “ideología” atizada con el temor a caer en los caudillismos de extremos que les supieron vender.

Creo que seguir ubicando a la política moderna en banquillos de izquierdas y derechas como si estuviéramos tomándonos La Bastilla en París y fuéramos los Giorondinos y los Jacobinos de la Asamblea Nacional Francesa es amputarnos la imaginación para etiquetar las nuevas correlaciones de fuerzas ideológicas. De hecho la política moderna parece apartarse de viejas ideologías y en ese sentido ubicar a Duque y todo lo que representa el uribismo como extrema derecha es risible, esa clase hegemónica colombiana rompió hace rato el extremo derecho, y se fue mucho más allá. La nueva dinastía uribista representa más bien el extremo depredador y extintor del estado, porque hasta la derecha tradicional le teme a tal punto de rendir banderas a sus pies. El uribismo no tiene una doctrina monárquica, ni cree en que el poder lo otorga la divinidad de ningún dios como en un reinado francófono, o como el imperio que le fue encomendado a Augusto por el mismo pueblo Romano. El uribismo simplemente trazó una agenda para apoderarse de absolutamente todo: Los medios de producción, los poderes públicos, la tierra, el mercado, y en el mediano plazo desalojar a todo el que estorbe bajo la política de: O te largas de este país, o te desaparecemos a decreto de hambre o bala. Eso no es “derecha” eso es un desprecio recalcitrante hacia todo un pueblo sin distinciones. Hitler con todo y el fascismo en cima privilegiaba un sector ario al que creía como raza superior; Uribe no piensa en nadie, Uribe solo piensa en él.

Por otra arista, tenemos al centrismo matriculando a Petro de “Extremo izquierda” Yo me pregunto: ¿realmente el profesor Fajardo está seguro de esa calificación en sus silencios de reflexión mientras ve el apareo de ballenas en Bahia Solano? ¿Es el centrismo consciente de que la extrema izquierda significa la nacionalización absoluta de los medios de producción? ¿de la abolición de la propiedad privada sobre el trabajo? ¿la extinción de clases sociales donde el estado es entendido como una dictadura del proletariado? Si tienen dudas entonces es porque de pronto el Doctor Robledo no hizo bien la tarea en la Coalición Colombia.

Marcar a Petro de Izquierdista radical es desconocer la historia de Petro y el M-19, su consigna política ya está redactada en la carta del 91 como él mismo lo describe. Basta con leerla y contrastarla con la de 1886 para darse cuenta cuál es la materia ideológica de un socialdemócrata como Petro. Lo que ha dicho es que llegará al poder para hacer cumplir esa constitución porque justamente es lo que no han hecho desde que se firmó. La democratización del mercado, la diversificación económica, la reforma agraria, el sentido progresista de responsabilidad evolutiva y ecológica de la especie con el planeta no son ideas de izquierda amigos centristas. Son políticas que apuntan a la sensatez de reconocer la coexistencia entre nosotros y la naturaleza, es ir a buscar el conocimiento en todas sus ramas, es permitir que la equidad sea regente pues esa será la garantía de una verdadera versión de paz pluricultural y no la “PAX romana” del uribismo y el trumpismo cuya filosofía es “Mantener un estado de guerra exterior para garantizar una estabilidad interior”

Es menester dejar de estigmatizar las propuestas de Petro como “extremistas” por que eso es ocultarle la verdad aun país que pide a gritos unas reformas urgentes en todas las dimensiones. La misma historia nos enseña que cuando las sociedades están al borde de transformaciones esenciales, los individuos suelen polarizarse, en posturas más radicales pero no necesariamente extremas; y es lógico, sano y necesario que así sea por más que la hoguera parezca arder. ¿O es que acaso el movimiento de independencia indio de Gandhi que venció bajo la desobediencia civil no violenta al Raj Británico era “extremista”? ¿o acaso Nelson Mandela fue un extremista al oponerse al racismo de estado o apartheid en Jhohannesburgo? ¿o fue extremista el rey babilónico Hammurabi por haber inventado el primer código de leyes para que los hombres no se mataran los unos a los otros hace 4000 años? ¿o de pronto fue extremista Temístocles al persuadir a toda Atenas de invertir el gasto público en una nueva flota de trirremes que garantizó la victoria a los Persas en Salamina y Platea?

Si no hubiera sido por esa victoria tal vez el mundo hoy no conocería la democracia.

Por eso, debemos aprender a tomar decisiones importantes en momentos importantes. Colombia hoy atraviesa tal vez una coyuntura comparable solo a la de nuestra independencia en 1819. Por ahí dicen que estamos a una equis de jubilar a la clase política que ha incinerado nuestro país en 200 años. He respetado siempre el voto en blanco, pero su efectividad varía de acuerdo a los escenarios. Este 17 de junio votar en blanco es taparse los ojos ante la brasa, es creer que el voto es solo para usted y no para los 44 millones de Colombianos, es votar por que la tragedia solo la veo por el televisor. Es votar con una convicción de centro que nunca fue redactada, con la ínfula sobria de no ser “extremista” y con el temor oculto de arriesgar un centavo al cambio.

En política compartir los odios es la base de la amistad, decía el jurista Alexis de Toqueville. Pues que sea este el momento de compartir amores y odios sin titubeos por el país en cenizas que nos espera.

De todos modos, los votoblanquistas tendrán su lugar en la historia, así como esa cámara que se instaló en el centro de la Asamblea Constituyente en la revolución francesa; les llamaron La Marisma, eran los parisinos indecisos o que no tomaban partido. Fueron los que vieron caer la monarquía y el renacer de la democracia desde la tribuna.

Fueron como Nerón, tocando la lira mientras Roma ardía.

Opina aquí

Continuar leyendo
Anuncios

#YoParticipo

La poderosa puja política por el municipio más pequeño de Colombia

Por: Camilo Daniel Pérez.

Sabaneta, el municipio más pequeño de Colombia en extensión pero a la vez uno de los más densamente poblados, y que pertenece al área metropolitana de Medellín, se encuentra hoy en medio de una disputa política de grandes proporciones por su alcaldía.

Por un lado está el candidato Santiago Montoya, un hombre joven y carismático, que aunque se lanzó por firmas de manera independiente, cuenta con el respaldo de varios partidos tradicionales del departamento.

Por el otro lado está el exalcalde Carlos Mario Cuartas, un hombre con buena imagen, sin ningún problema legal o disciplinario en su vida y quien recibió el aval por el Centro Democrático, aun cuando no había militado antes en ese partido.

Hasta ahí, todo normal. ¿Pero qué hay realmente detrás de dos candidaturas aparentemente tan buenas? Realmente mucho más de lo que parece.

Cuartas, el candidato del uribismo, cae en paracaídas en esa colectividad de la mano del cacique Fabio Valencia Cossio y del congresista Germán Blanco, este último, miembro de la polémica casa Suarez Mira de Bello, y quienes lograron, pese a todos los pronósticos, “ganarle” el aval al pupilo de Paola Holguín -oriunda de Sabaneta- y al de su poderoso grupo político en Antioquia, Los Paolos.

Detrás de Carlos Mario Cuartas hay una enorme y poderosa estructura política conformada además, por los exalcaldes Néstor Díez y Guillermo Montoya “Bolillo”, y por sus pupilos concejales Carlos Mario Colorado “la gata”, y Juan Fernando Montoya “Casimba”. Razones por las cuales, pese a ser de su propio partido y municipio, Paola Holguín no apoya dicha candidatura por la que incluso, estuvo a punto de renunciar al Senado y al Centro Democrático cuando esta fue anunciada públicamente.

El otro candidato, Santiago Montoya, tiene una estructura política mucho menos fuerte en Antioquia pero aparentemente, con mayor respaldo juvenil que su rival. Su aspiración se definió por firmas y aunque va apoyado por algunos partidos como Cambio Radical y el Liberal, ningún político tradicional o reconocido se ha sumado a su campaña. Algunos sostienen que estaría recibiendo el respaldo de Hector Londoño, varias veces alcalde del vecino municipio de Envigado, pero nada de eso confirmado. Lo que insinúan sus contradictores es que Montoya no representaría ninguna renovación para el municipio, y que su juventud no es garantía de cambio. Otros por su lado sostienen que si estuviera recibiendo el apoyo del líder envigadeño, lo haría públicamente, pues este cuenta con una alta aceptación entre sus coterráneos.

Cuartas y Montoya, dos hombres con hojas de visa intachables pero a quienes les cuestionan sus respaldos políticos. Serán entonces los sabaneteños quienes el próximo 27 de octubre, decidan con cuál de las dos opciones se quedan.

Opina aquí

Continuar leyendo

#YoParticipo

Cabalgando la Orden de Boyacá

Opina aquí

Continuar leyendo

#YoParticipo

‘A las malas’

Caricatura de Xtian (@uncaricaturista)

Opina aquí

Continuar leyendo

Tendencia