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Barbosa, de la Casa de Nariño al búnker de la Fiscalía

Ocho meses y 15 días, largas discusiones entre los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y 17 salas plenas de esta corporación. Ese fue el trámite para que Colombia volviera a tener un fiscal general en propiedad, después de la renuncia de Néstor Humberto Martínez.

Se trata de Francisco Barbosa, quien resultó ser el elegido por el Alto Tribunal, de la terna presentada por el presidente Iván Duque en diciembre, que incluía a Camilo Gómez, actual director de la Agencia Jurídica del Estado, y a Clara María González, exsecretaria Jurídica de la PresidenciaCon una particularidad: el elegido es el actual consejero presidencial para los Derechos Humanos y amigo cercano del presidente.

Horas después de conocerse su elección y luego de reunirse con los magistrados, Barbosa se pronunció: “me honra profundamente la decisión de la honorable Corte Suprema de Justicia al elegirme como Fiscal General de la Nación. Agradezco a esa corporación su voto de confianza. Acepto este reto con absoluta humildad y con la convicción firme de continuar sirviendo a los colombianos”.

El nuevo fiscal resultó elegido en un ambiente complejo dentro del Alto Tribunal. Desde enero del año pasado, los magistrados han intentado llenar siete vacantes, por lo que se dificultó la elección. Por ejemplo, la demora para elegir a Barbosa radicó en que era necesario que todos los magistrados votaran por el mismo nombre, algo que apenas ocurrió ayer.

En contexto, hay que saber que la votación se hizo en una carrera contrarreloj, azuzada no solo por la atención de la opinión pública a la espera de conocer quién dirigiría a la Fiscalía, sino también porque el próximo 27 de febrero saldrá el magistrado Ariel Salazar y se desajustará el quorum de la Sala Plena. En ese sentido, la elección de Barbosa significa, entonces, un respiro para la Corte Suprema.

El nuevo fiscal llega con un amplio recorrido en el mundo del derecho y la academia, pero sin mayor experiencia penal. Una característica tan criticada como resaltada por analistas, consultados por este medio, que argumentan que para dirigir la Fiscalía se necesita mayor capacidad de gestión que conocimiento penal.

Penalista no, académico

Desde San José del Guaviare, donde se enteró de la elección de Barbosa al frente de la Fiscalía, el presidente Duque celebró la decisión:

“Esperamos de él su compromiso con Colombia y el combate firme e irrestricto para cualquier forma de criminalidad. Teníamos una terna extraordinaria y se ha hecho una buena escogencia. Esperamos que el doctor Barbosa cumpla con lujo de detalles esa gran función”, dijo el mandatario.

Duque, de esta manera, también dejó entrever cuáles son las prioridades del gobierno en materia judicial. Retos que Barbosa enfrentará desde un recorrido que ha sido muy cercano a la academia.

El nuevo fiscal, de 45 años, se graduó hace veinte años de la carrera de Derecho en la Universidad Sergio Arboleda, donde compartió clases con Duque. En su haber académico cuenta, además, con una especialización en Relaciones Internacionales y otra en Regulación y gestión de las telecomunicaciones y las nuevas tecnologías, dos maestrías (una en Historia y otra en Derecho Público) y remata con un doctorado en Derecho Público, este último de la Universidad de Nantes en Francia.

Desde que se graduó como abogado ha sido asesor de la Personería de Bogotá, del Centro de Memoria, Paz y Reconciliación y de varios ministerios, como el de Transporte y Hacienda. Pero, de su hoja de vida, lo único relacionado con el mundo del derecho penal fue entre 2003 y 2004 cuando se desempeñó como fiscal especializado de Derechos Humanos.

Desde que se conoció la terna fue este tema el que captó la atención de la candidatura de Barbosa. Es el caso de Kenneth Burbano, director del Observatorio Constitucional de la Universidad Libre, quien señaló a EL COLOMBIANO que “no tiene el mayor conocimiento sobre temas de política criminal, eso y su desconocimiento del derecho penal resultan problemáticos”.

Sin embargo, no es un punto compartido por otros. Para Hernando Herrera, director ejecutivo de la Corporación Excelencia en la Justicia (donde Barbosa fue asesor externo), en la cabeza de la Fiscalía más que un experto en derecho penal, se requiere alguien con capacidad de gestión de la entidad judicial más importante de Colombia.

“Que el Fiscal General, cualquiera que sea, tenga o no experticia en el tema penal es un insumo adicional. Pero al final lo que se requiere es un gran gerente del sistema penal acusatorio. Y sobre eso, tener esa especialidad no da mayores insumos. Se necesita asegurar altos niveles de gestión”.

Conocido no, amigo

Las personas que ahora ocupan dos de los cargos con mayor poder de Colombia –Duque y Barbosa– departían juntos en reuniones de amigos universitarios en la década de los 90.

Uno de sus amigos más cercanos de la época, quien prefiere mantener en reserva su nombre, contó a EL COLOMBIANO que Duque solía ir con otros amigos a la casa de Barbosa, quien fue el primero del grupo en independizarse. “En esas tertulias, mientras Francisco recitaba poesía, Iván tocaba la guitarra”, comenta.

En una columna publicada en el diario El Tiempo en 2016 tras la muerte de Iván Duque Escobar, papá del presidente, Barbosa dijo: “Su amistad me acompañó durante 21 años, cuando su hijo –y mi amigo– Iván Duque Márquez surcábamos la casa atiborrada de libros (…) En un pequeño refugio de esa babel de textos pasábamos las tardes”.

De esas jornadas de estudio surgió un proyecto que los llevó a viajar juntos a Estados Unidos, cuando hicieron dupla en el Concurso Interamericano de Derechos Humanos, realizado por American University, en el que prepararon la simulación de un procedimiento ante la Corteidh.

Siguieron viéndose después de graduarse, cuando Barbosa visitaba a su amigo, que trabajó en el Banco Interamericano de Desarrollo entre 2001 y 2013.

Cuando Duque regresó al país en 2014, ya no eran los jóvenes liberales de la universidad: Duque volvió como congresista del Centro Democrático, crítico de la negociación de paz con las Farc, mientras que Barbosa era un académico afín al proceso.

Entonces, cuenta la fuente, conservaron una amistad alimentada por comentarios mordaces. Barbosa le reprochaba a Duque; y este respondía con cuestionamientos al diálogo con las Farc, en los que Barbosa participó aportando ideas al punto de justicia.

Los desacuerdos desaparecieron, sin embargo, en diciembre de 2017, cuando Duque fue elegido precandidato presidencial. “Francisco lo siguió en los municipios para hacer campaña con él”, dice la fuente. Mientras tomaban café, por esos días, el académico tuvo que defenderse de las pullas de sus conocidos. Les repitió, con énfasis, que lo que menos quería era un cargo.

Pero el puesto llegó. Duque lo nombró como consejero para los Derechos Humanos y Asuntos Internacionales; contó con él para que fuera el vocero del gobierno para explicar las objeciones a la Ley Estatutaria de la JEP, y, en diciembre, cuando escogió los tres nombres para proponer a la Corte, apostó por un viejo conocido.

Consejero no, Fiscal

Los analistas consultados por este medio coincidieron en cuáles son los retos que tendrá el nuevo fiscal. El principal: la necesidad de formular una política criminal, frenada durante la interinidad de Fabio Espitia. “Encontrará una entidad sin un horizonte, sin una política criminal definida, y con la expectativa de los funcionarios y de la ciudadanía sobre hacia dónde va a apuntar”, afirmó Hernando Herrera.

Otro punto al que tendrá que prestarle atención es a los ataques y asesinatos de líderes sociales en el país desde la firma del acuerdo de paz con las Farc. Más, porque Barbosa es recordado por los cuestionamientos que hubo sobre su afirmación, en junio de 2019, de que hubo una reducción de los asesinatos de líderes sociales, después de que comparara las cifras de distintas organizaciones.

Esta comparación, hecha ya como funcionario, muestran su cercanía con el gobierno de Duque y también con las críticas que se le han hecho al Acuerdo de paz. Un proceso que quiso acompañar, al presentarse para ser magistrado de la JEP, cargo para el que no fue seleccionado.

También se encontrará con el desafío de una entidad que se ha visto desacreditada ante la opinión pública, que espera más resultados. Para José Miguel Rueda, profesor de la Universidad de La Sabana, está pendiente una “mejora en los procesos de investigación e imputación. La Fiscalía debe mejorar como institución y recuperar la confianza de la ciudadanía, siendo una institución accesible y vista como amiga, cercana y eficiente”.

Pero Kenneth Burbano ve con bastante escepticismo esta cercanía al considerar que “será una Fiscalía poco creíble y él un fiscal sin independencia y comprometido con el gobierno”.

El principal reto quizá será probar su independencia, al igual que como le ha tocado a otros fiscales, como fue el caso de Néstor Humberto Martínez que fue cuestionado por las asesorías al Grupo Aval que figuraban en su hoja de vida, antes de ser fiscal, para los contratos de este aglomerado bancario colombiano con la constructora Odebrecht.

Así, Francisco Barbosa llegará en las próximas semanas a la dirección de la Fiscalía, no solo con los retos naturales que trae consigo una entidad del tamaño del ente investigador, sino con el desafío de demostrar su independencia.

Fuente: El Colombiano

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¿El taxista Fredy Contreras ahora es conductor de Beat?

Usuarios en redes sociales compartieron una imagen en la que, supuestamente, aparece el taxista que denigró de las mujeres de Uber.

Contreras se hizo popular hace varios días cuando Uber anunció su salida de Colombia –que solo duró 20 días– porque les sugirió a las conductoras que trabajan a través de la aplicación que se vayan a hacer las labores de la casa.

Desde aquella época, las críticas en contra de Contreras han sido permanentes. Lo último que se sabe del taxista es que estaría buscando la forma de trabajar con la aplicación Beat e, incluso, algunos usuarios en Twitter publicaron unas fotos en las que, supuestamente, aparece Contreras creando cuenta para trabajar con dicha aplicación.

Pulzo se puso en contacto con Beat, que explicó que Fredy sí ingresó a su base de datos para trabajar, pero luego fue bloqueado tras una investigación de antecedentes.

“Con el objetivo de mantener unos estándares de calidad para el nuevo servicio Beat Plus, existe una política interna de hacer evaluaciones constantes a los usuarios conductores que inician en este servicio. Esto se realizó con la cuenta del usuario Freddy Contreras, lo que resultó en un bloqueo por no cumplir con la calificación necesaria”, sostuvo Beat a Pulzo.

Esta es la foto que circula en redes y que se tomó frente a las oficinas de la aplicación:

Fuente: Pulzo

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“Vicky Dávila, como tantos otros (incluso la vice), es candidata para ayuda psicológica”

Eso considera la psicóloga Gloria H. en El País, de Cali, pues diagnostica que la periodista padece de una “necesidad de figuración (ego exacerbado)”.

Hasta ahora, en la semana que ha transcurrido desde que Dávila tuvo el fuerte choque al aire con el vocero de la Casa de Nariño Hassan Nassar, habían surgido distintas perspectivas de análisis y comentarios sobre el caso.

Los primeros que salieron a examinar la ácida discusión fueron los propios periodistas, que extrajeron lecciones para aplicar en esa misma disciplina. Varios de esos análisis constituyeron fuertes críticas, también desde el periodismo, como en el caso de la reconocida periodista colombiana de la cadena Univisión Patricia Janiot, que le dijo a Dávila que había perdido la brújula.

Hubo quienes, por supuesto, también tomaron partido a favor de Dávila o de Nassar, cuyo choque sigue teniendo repercusiones como maderos de naufragio que llegan tiempo después a cualquier playa.

En este caso, el hecho llega al terreno de la psicología, en donde Gloria H. lo recibe para decir en el diario caleño que Dávila es candidata a recibir ayuda terapéutica, porque no reconoce nada “ni siquiera en el ‘me equivoqué’”, al referirse al título de la columna que escribió Dávila en Semana sugiriendo un acto de contrición.

“Qué autoestima tan frágil. Ni un ápice de humildad, la soberbia la cobija. Se disculpa justificando y pasando más facturas a aquellos que no validaron su conducta”, le señala la psicóloga a la periodista. “Ni [Juan] Gossaín, ni Ángela [Patricia] Janiot, nadie la conmueve. Vuelve chicuca a la ‘chiquita’ Camila Zuluaga, pero no baja la cerviz”.

Incluso, Gloria H. les recomienda a las facultades de psicología y comunicación incluir el módulo ‘Las nefastas enseñanzas de Vicky Dávila’ “para que los estudiantes aprendan […] lo que es una proyección, cómo se comporta una persona insegura pero prepotente, qué hace la soberbia con nuestra esencia y cómo el inconsciente nos traiciona sacando el monstruo interior”.

Recomienda también tratamiento sicológico, “con urgencia”, para la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, y se pregunta: “¿Quiénes dicen que representa a la mujer colombiana?”.

Para Gloria H., la vicepresidenta “es lo más parecido al mundo patriarcal pero con faldas. Necesita aprender el valor de la mujer desde su esencia y no desde su mirada machista. Para la sicóloga, por cualquier lado que se lean las palabras de la funcionaria (“tenemos muchas psicólogas y sociólogas”) “retratan su esencia machista y discriminatoria. 1) Sólo las estudian las mujeres. 2) Son para ‘ineptas’ que no tienen condiciones intelectuales para las ‘otras’ ciencias. 3) Se debe estudiar por dinero no por convicción. ¡Más estupideces, imposible!”.

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Lecciones del altercado entre Vicky Dávila y Hassan Nassar, como para Día del Periodista

Pero Dávila y Nassar, sin quererlo, probaron que el ejercicio de la profesión es más complicado de lo que parece y que las repercusiones de lo que haga o diga (o deje de hacer o de decir) un periodista y un medio con profunda penetración en la sociedad tiene impactos insospechados.

La coincidencia entre lo que se les festejó a los periodistas el domingo pasado por lo que en el imaginario social deben ser y la cruda realidad que mostraron Dávila y Nassar dos días después no puede ser más elocuente.

Lo curioso es que, pese a ser un caso que involucra a todos los que ejercen la profesión, solo dos medios se refirieron a él con sentido crítico. Tal vez por el hábito de los periodistas de mirar para otro lado cuando hay que analizar y comentar las actuaciones de los colegas.

El hecho, que se originó porque Dávila invitó a Nassar a hablar del viaje de la primera dama en un avión presidencial para celebrarle el cumpleaños a su hija en Panaca, les deja muchas lecciones no solo a los periodistas, sino a quienes fungen de voceros en entidades o empresas.

En realidad, el primero en ocuparse del tema de manera crítica, fue Alejandro Riaño con su personaje ‘Juanpis González’, que hizo un parodia del altercado entre Dávila y Hassan.

El primero en referirse al tema fue Gustavo Gómez, con su equipo de ‘6 AM Hoy por Hoy’, de Caracol Radio, que calificó el episodio como un “exceso de exaltación y calificativos que no debieron darse al aire en un medio de comunicación”.

“Debo decir que Vicky Dávila invitó amablemente al asesor de comunicaciones de Palacio, que es un funcionario pagado con dineros públicos, que le permitió exponer sus puntos y hablar libremente con toda la educación, en un comienzo”, siguió Gómez en su análisis del caso.

Para Gómez, ante las primeras preguntas de Dávila, el vocero de Palacio recurrió a una “muy deprimente estrategia de meter al entrevistador en el problema, de convertir una explicación que se le está pidiendo, como funcionario que es, en un ataque personal, señalando incluso de hipócrita a la entrevistadora”.

“Ese es el campo de lo personal. Y vaya y pase. Cualquiera puede hacer lo que quiera con su vida privada, pero finalmente él es la voz del presidente de la república. Lo representa. Lo simboliza en materia de entendimiento con los medios de comunicación”, dijo Gómez.

Para él, hay que entender que cuando Hassan Nassar habla con los medios de comunicación “no está satisfaciendo a los periodistas; está hablando con los colombianos, porque los medios de comunicación estamos para un servicio público, para que la gente se entere de las cosas. En su tarea, Hassan Nassar está para responder, está para explicar. No para lanzarse a una batalla en una entrevista”.

En ese punto, Gómez hizo una reflexión que también llamó la atención:

“No sé si la idea de quien sugirió el nombre de Hassan para este cargo era que se ejerciera una especie de pugilato de alto nivel, pero creo que no es el tono que nos gusta a los colombianos y cada vez más demostramos que estamos más encaminados en el camino de la civilización que de la pelea de esquina callejera, con remangada y con retos que son de quinta categoría. Las entrevistas son entrevistas, y no son justas personales ni escenarios de duelo para defender el honor del presidente esgrimiendo lanzas y amenazando con ellas a la gente”.

Pero Gómez dejó un capítulo para Dávila, pues descalificó los apelativos que la periodista usó para referirse a Nassar. “En este episodio desagradable, términos como ‘peludo’, ‘Tarzán’, ‘cosa’, ‘inepto’, ‘fracasado’, ‘tipejo’, ‘patán’, ‘cobarde’, ‘trepador’, ‘bárbaro’, ‘incapaz’ y ‘Archibaldo’, pues tampoco es la manera de mantener una discusión civilizada”.

“Estos episodios nos dejan a todos un mal sabor —terminó Gómez—. Sé que Vicky debe también sentir en el fondo de su corazón que la cosa no salió con la altura que debió salir, y algo similar debe estar pensando Hassam. Creo que el episodio nos enseña de parte y parte cosas que no deben suceder en Colombia y que tenemos que superar, mucho más en el escenario de los medios de comunicación”.

Darcy Quinn, del mismo programa, se preguntó si el presidente Duque se está replanteando el tema de su vocero en el palacio de Nariño, “porque definitivamente el presidente no es de ese talante. Al presidente Duque no lo conocemos como un hombre ni pendenciero ni de peleas; al contrario, como una persona muy decente y hasta el momento muy respetuosa de la prensa”.

A su turno, Mábel Lara dijo que con esa pelea perdemos todos: “Pierde la información, pierde el periodismo, pierde también el Gobierno con un funcionario, que es funcionario, que ya no es periodista, que se molesta porque le preguntan y responde un poco grosero. Si Hassan no puede con las preguntas de los periodistas siendo periodista, debería hacerse a un lado y ejercer desde otro cargo”.

Más tarde, Claudia Gurisatti dedicó un escueto trino al asunto:

Del tema también se ocupó el equipo de La FM liderado por Luis Carlos Vélez, especialmente porque Dávila y Nassar fueron directores de esa emisora. “Ambos han estado en esta misma silla (La FM). Los dos son personas de mi respeto y de mi cariño, y solo puedo pensar en lo mal que se están sintiendo los dos”, empezó diciendo Vélez.

“La diferencia de este trabajo con otros trabajos es que acá uno está expuesto todo el tiempo en tiempo real. No hay mucho tiempo para reaccionar, dar un paso para atrás, replantearse la situación antes de responder. Hace parte de la belleza y hace parte de la desdicha que tiene este ejercicio. A los dos les mando un abrazo fraternal. No los voy a juzgar. No me corresponde”, dijo Vélez, aunque después soltó su opinión.

“Pero sí entiendo que es un episodio de conversación nacional y es un episodio que involucra, más allá de la persona, al vocero de Palacio y a una de las periodistas más destacadas del país. Vocero de Palacio que, sin serlo, anteriormente ha demostrado que es una persona combativa, frentera, que es una persona que habla con argumentos y con documentos”, agregó Vélez.

“Y que es provocador. El que no haya visto los trinos de Hassan Nassar, pues desconoce quién es Hassan Nassar. Es un tipo muy buena gente, pero es provocador. Y está bien. Ese es su ‘modus operandi’”, añadió el director de La FM.

Sobre Dávila dijo que es una periodista “supremamente respetable”, pero “picó el anzuelo y respondió de una manera para muchos desaforada”.

Fernando Quijano, director de La República y miembro del equipo periodístico de la emisora, dijo que el caso “pone a prueba la ética de los periodistas” y lo calificó de “nefasto para el periodismo”.

También dijo que “destapa el uso de los recursos públicos para unas personas privilegiadas”. Precisó que en la “discusión entre dos colegas, quisiera no estar en sus zapatos; ambos la deben estar pasando muy mal”. Y concluyó: “Siento que perdimos todos los periodistas”.

Fuente: Pulzo

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